lunes, 22 de junio de 2026

MAXIMILIANO HERNANDEZ MARTINEZ: EL DICTADOR AUSTERO E IMPLACABLE

 Por Joaquin Rivera Larios





Tras la derrota que varios partidos políticos sufrieran en las elecciones de 1930, el nuevo mandatario salvadoreño, el ingeniero Arturo Araujo (1878-1967), postulado por el partido Laboralista, dispuso en virtud de una coalición entregarle vicepresidencia de la República y el Ministerio de Aviación, Guerra y Marina a uno de los aspirantes derrotados, el general Maximiliano Hernández Martínez, candidato a la presidencia por el partido Nacional Republicano.




Hasta ese momento este militar había descollado más allá de los salones y cuarteles donde había estado destacado, era considerado uno de los oficiales más capaces del país, fue docente de la Escuela Militar y en la Escuela de Cabos y Sargentos (1904-1922), desde donde había redactado y publicado un manual para la enseñanza de la gimnasia.

A raíz del golpe de Estado contra Arturo Araujo cuyo efímero mandato duró nueve meses (1 de marzo-2 de diciembre de 1931), el Directorio Militar que asumió el poder solo por dos días, atendiendo disposiciones de la Constitución de 1886, entregó al poder al Vicepresidente Hernández Martínez. Así comienzan trece años de una dictadura férrea.


Un interesante artículo publicado en El Diario de Hoy del 24 de noviembre de 1999 titulado “General Martínez: el brujo de las aguas azules” da cuenta que Martínez era un fanático del orden, de la austeridad, del deber y de la honestidad.

El citado artículo revela que aprendió inglés por su propia cuenta, con libros y discos, a la vez que se ad adentraba en los terrenos del ocultismo y la teosofía, de donde se derivaban sus creencias en la ley del karma, la magia, el cuerpo astral, la transmigración de las almas y la evolución espiritual humana a través de vidas sucesivas.

El Diario de Hoy dibuja una semblanza del exgobernante, puntualizando que su figura era un tanto contradictoria con los estereotipos de los militares tradicionales de entonces: mediano de estatura, delgado, caído de hombros, lector incansable, muy moreno de piel, ojos pequeños y rasgados, casi tipo asiatico, voz suave y con cierto tono silbante al pronunciar las letra S. No comía carne ni ingería bebidas espirituosas.



FAMILIA



Nació en el distrito de San Matías, municipio de La Libertad Norte. Sus padres fueron Raymundo Hernández y Petronila Martínez. Contrajo nupcias con Concepción Monteagudo Aguilar (¿1895-1975?), hija del médico cubano José de Jesús Monteagudo Barraza (1830-1911) y la salvadoreña Matilde de Las Nieves Aguilar. Con Concha Monteagudo tuvo nueve hijos: Alberto, Carmen, Esperanza, Marina, Eduardo, Rosa, Gloria, Maximiliano y Luis.



CARRERA MILITAR



Dentro del ejercito, compuesto por casi tres mil efectivos, Hernandez Martínez aparte de instructor; fue inspector General. Sus ascensos fueron: teniente (1903), capitan (1906), capitan mayor (1906), teniente coronel (1909), coronel (1914), general de brigada (1919).



INSURRECCIÓN DE 1932



Miles de campesinos e indígenas del occidente del país se organizaron. Armados principalmente con machetes y palos, atacaron varios pueblos y cuarteles militares. Ellos buscaban recuperar sus tierras y protestar contra las injusticias. Uno de los líderes indígenas más conocidos de este movimiento fue Feliciano Ama. También participó el Partido Comunista. El 2 de febrero de 1932 fueron fueron fusilados los cabecillas revolucionarios: Agustín Farabundo Martí, Mario Zapata y Alfonso Luna.

El ejército de Hernández Martínez estaba mucho mejor armado. En solo unos días, los militares controlaron la situación. Después, persiguieron de forma brutal a cualquiera que pareciera indígena o campesino rebelde. Se estima que el gobierno asesinó a entre 10,000 y 30,000 personas. La gran mayoría eran civiles inocentes.



TERCEROS JUEGOS CENTROAMERICANOS

El Salvador fue el país designado para albergar la tercera edición de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. En un principio, la Junta General de Delegados programó el evento deportivo para 1934. Sin embargo, tras el devastador terremoto en julio de 1934, El Salvador solicitó una prórroga para que los Juegos se realizaran hasta el 16 de marzo y el 5 de abril de 1935.
Así, el 16 de marzo de 193 en el nuevo estadio “Flor Blanca”, construido para ser sede de dicho evento, fue el presidente de la época, Maximiliano Hernández Martínez, quien se encargo de inaugurar los juegos.

En esta edición, México y Cuba mantuvieron la hegemonía en casi todas las disciplinas deportivas, liderando así, el medallero de San Salvador 1935. La delegación mexicana se quedó con el primer lugar en el tablero con 37 medallas de oro, 20 de plata y 24 de bronce. La representación cubana acumuló un total de 85 preseas, 31 de oro, 30 de plata y 24 de bronce.

El cuarto lugar correspondió a El Salvador por debajo de Puerto Rico. Los nacionales se quedaron con un total de 18 medallas, 4 de oro , 4 de plata y 10 de bronce.



OBRAS DEL GOBIERNO



Las principales obras del general Maximiliano Hernández Martínez durante su mandato en El Salvador (1931-1944) abarcaron la infraestructura nacional, la economía y las reformas sociales. El mandatario realizó estas gestiones enfocándose en centralizar los recursos del Estado y reducir la deuda externa.



A continuación se detallan sus obras de infraestructura  y proyectos:  el Puente Cuscatlán: Una de sus infraestructuras más grandes, construido sobre el río Lempa en 1942 para conectar el oriente con el resto del país. Se avanzó de manera significativa en el pavimentado y construcción de tramos clave de la carretera Panaméricana para mejorar el comercio.


Edificios públicos: Construyó estructuras modernas para la época, como el Edificio del Telégrafo y el Castillo de la Policía Nacional Civil (PNC), el estadio Flor Blanca.

A nivel de economía y finanzas se creó el Banco Central de Reserva (BCR): Fundado en 1934 para controlar la moneda del país y estabilizar la economía tras la crisis global. Creación del Banco Hipotecario: organizado para otorgar créditos y apoyar a los productores de café y agricultura. Aplicó políticas estrictas que lograron pagar gran parte de la deuda externa del país sin pedir nuevos préstamos.



En el plano de proyectos sociales y de vivienda: se creo el Fondo de Mejoramiento Social para otorgar tierras y viviendas económicas a familias campesinas de bajos recursos. Construcción de viviendas: Se edificaron colonias de casas baratas para obreros en San Salvador y otras cabeceras departamentales.



LA MUERTE DEL HIJO DEL GENERAL

El adolescente Julio Eduardo Martínez Monteguado, nacido en el Barrio San Miguelito a las 8:00 horas del 30 de marzo de 1925, hijo del general Maximiliano Hernández Martínez y de Concepción Monteagudo Aguilar, estudiante del Liceo Salvadoreño, falleció a las 23:00 horas del 25 de octubre de 1938 a causa de peritonitis.

Fue atendido en una de las salas del Hospital Rosales por el reconocido médico Andrés Goens Rosales, una eminencia regional en el combate de la tuberculosis, quien lucho en vano por salvador su vida. Lo curioso del caso es que el padre de aquel menor se había negado a que lo examinaran los médicos y decidió tratarlo él mismo en su residencia, con dosis de agua dentro de botellas azules puestas al sol. (Carlos Cañas Dinarte, Qué relación hubo entre la muerte de un joven, Salarrué y la Logia Teosófica Teolt).

Su muerte dio lugar a una fuerte manifestación de duelo popular, al grado que El Diario de Hoy del jueves 27 de octubre de 1938, dio a conocer bajo el encabezado "Imponentes los funerales de Eduardo Martínez, ayer", que con la concurrencia de niños de las escuelas, fue sepultado adolescente bajo una fuerte lluvia en el Cementerio General, demostrando de esta manera su aprecio hacia la familia Martínez.

INTENTO DE GOLPE DE ESTADO



Primer intento de golpe de Estado al general Maximiliano Hernández Martínez en abril de 1944 en San Salvador. El 2 de abril de 1944, el general  Hernández Martínez  estaba de vacaciones en un rancho privado en una playa de La Libertad, sin embargo uno de sus hombres de poder le advirtió sobre el plan de que un grupo de militares pretendían derrocarlo.

Fue así que Hernández Martínez salió rápidamente hacia San Salvador en un vehiculo alquilado antes de que perdiera la presidencia. El plan del fallido se presume que fue elaborado por los coroneles Tito Calvo y Alfredo Aguilar,  siendo aceptado por los dos líderes civiles del movimiento y férreos opositores a su régimen, el Dr. Arturo Romero y Agustín Alfaro Moran. 
Fue una tremenda prueba que soportó el general Hernández Martínez y tuvo la suerte de sortear la rebelión porque además de ocurrencias fortuitas que lo favorecieron, es innegable la capacidad militar desplegada por él en esos difíciles momentos.

El punto básico de la operación era la captura del presidente, para ello debían informarse cuando este saliera de San Salvador, el encargado de este cometido era Mario Sol  pues acostumbraba visitar sus propiedades algodoneras o algún balneario de la zona. Las unidades comprometidas de occidente, al estallar la rebelión, y después de capturar al personal leal, debían converger con las fuerzas del regimiento de caballería.  

La principal falla del plan, algo que debió pensarse con más acierto, fue la propaganda que se hizo del golpe por la radio al pueblo salvadoreño, se quería desmoralizar a los oficialistas al anunciar que el dictador había sido derrocado.

De esta forma supo el general de todo lo que sucedía, enterándose de cuales cuerpos militares que estaban comprometidos en la rebelión. Aunque el golpe trato de llevarse a cabo, no pudo derrocar a Hernández Martínez, pero sentaría la base para que el mismo capitulara tiempo después.

SEDICIOSOS FUSILADOS

Ante estos hechos Martínez condenó a los militares que intentaron dar el golpe por los delitos de traición y sedición con la pena capital que se daba por fusilamiento. Entre los rebeldes golpistas condenados a muerte se encontraban: el general Alfonso Marroquín, coronel Tito Calvo y el mayor Julio Sosa. 



También fueron condenados a muerte en el Cementerio General los capitanes Manuel Sánchez Dueñas y Marcelino Calvo y los tenientes Antonio Gavidia Castro, Ricardo Mancía González, Miguel Angel Linares, Ricardo Edgardo Chacón y Oscar Armando Cristales, todos fueron condenados el 10 de abril de 1944 en los patios de la Policía Nacional. 

En el cementerio general fue condenado a muerte  el civil Victor Marín el 11 de abril de 1944, el 26 de abril de 1944 fueron condenados los capitanes Carlos Piche Menéndez y Carlos Gavidia Castro y los tenientes Alfonso Marín, Héctor Cárdenas, Mario Villacorta y el civil Luis Antonio Martí.   

Fueron condenados a muerte en ausencia y no vieron el paredón de fusilamiento: Tte. Julio Adalberto Rivera, quien más  tarde se convertiría en Presidente de la República (1962-1967); Tte. José Belisario Peña: quien después fue un destacado líder militar en la política nacional; Tte. Rafael Orellana Osorio, quien al igual que sus compañeros, logró evadir la captura durante la represión.



ASESINATO DE JOSÉ ROBERTO WRIGHT ALCAINE


La presión que generó al gobierno del general Maximiliano Hernández Martínez (1882-1966), la huelga de brazos caídos, hizo que este intentara detener todo tipo de manifestación por medio de la violencia.

Mientras esta agitación ocurría el gobierno de Estados Unidos retiró el apoyo al general Martínez, usando la excusa del asesinato accidental de un estudiante salvadoreño-estadounidense José Roberto Wright Alcaine, de 17 años, quien fue interceptado junto a sus amigos por los policías en la esquina de la 1a calle poniente, cuando se dirigían hacia el Campo Marte para divertirse un poco

El adolescente José Wright fue asesinado el 7 de mayo de 1944, debido a que se había decretado Estado de Excepción. Ante esto la Embajada de Estados Unidos en El Salvador a través de su embajador se uniría a la huelga y presionaría para que Martínez renunciara al cargo. Renuncia que se produjo solo dos días después de este crimen.

Sin embargo, también fueron asesinadas otras dos personas más que se identificaron como "Romeristas" o seguidoras del doctor Arturo Romero (1911-1965), el principal opositor al régimen martinista.



VISITA DEL GENERAL MARTINEZ


Durante el gobierno de Óscar Osorio (14 de septiembre de 1950-16 de septiembre de 1956), tuvo lugar la visita del General Maximiliano Hernández Martínez, quien arribó al país el 9 de julio de 1955 y se retiró el 23 del mismo mes, hecho que causó indignación en algunos sectores intelectuales y otros de la sociedad civil, pero también cierta felicidad inocultable en grupos nostálgicos que aplaudieron el retorno del dictador.


Al conocerse la llegada del ex dictador, la reacción fue inmediata en los sectores estudiantiles agrupados en la Asociación General de Estudiantes Universitarios Salvadoreños (AGEUS), así como los sectores profesionales de la Universidad de El Salvador, además del repudio de familiares de militares fusilados. Los estudiantes inmediatamente convocaron a asambleas estudiantiles, movilizaciones e izaron una bandera negra en contra de la visita “incómoda” en la democracia aparente.

Mientras el ex dictador era recibido en pleno por el Alto Mando Militar de igual forma que se recibe a un activo Comandante General de la Fuerza Armada, los periódicos locales reseñaron a los Jefes Militares y todos las armas del Ejército en reunión con el ex dictador, aquello parecía una reunión familiar y antiguos camaradas que sin “rencor” departían el anecdotario de los 10 años posteriores al martinato ¿o sería que nada habría cambiado? ¿Acaso era un Martinato sin Martínez?



La sociedad civil pide juzgar al Gral. Martínez y el 14 de julio de 1955 que nombre su defensor… No obstante el sector estudiantil aglutinado en AGEUS convoca a movilizaciones de repudio (14/07/1955), mientras sectores conservadores defensores de la “democracia dictatorial” hacen lo propio (20/07/1955).



Aquello termina en una batalla campal: “a pedrada limpia” que provoca desórdenes callejeros, mientras el ambiente calienta, los familiares de los “fusilados” del Estado Mayor insurrecto en abril de 1944, presentan demandas contra el ex dictador, entre ellos Juan José Baños Ramirez, hermano del Subteniente Rodolfo Baños Ramírez fusilado por orden Martínez en octubre de 1936 y el mismo condenado a 16 años de prisión (21/07/1955). Mientras el ánimo polariza la sociedad, el ex dictador decide su salida hacia Miami (23/07/1955) y es despedido por el Estado Mayor en pleno de igual forma que a un Jefe Militar.




En esta fotografía de 1955 tomada en el aeropuerto de Ilopango y publicada por La Prensa Gráfica, vemos al Gral. Maximiliano Hernández Martínez (al centro de cabello blanco) en la última visita que hizo a nuestro país después de haber fijado su residencia en la hermana república de Honduras a donde retornaba en esa ocasión luego de permanecer por varios días en su patria. Aparece rodeado de muchos simpatizantes, fue despedido personalmente en Ilopango por el entonces presidente Óscar Osorio y muchos amigos y allegados.



El pie de la foto consignaba lo siguiente: «Después de permanecer varios días en El Salvador, el general Maximiliano Hernández Martínez parte hacia Honduras nuevamente. Lo despiden en Ilopango el presidente Óscar Osorio y los oficiales Luis Felipe Escobar, Alberto Escamilla, Luis Lovo Castelar y el profesor José Andrés Orantes».



El ASESINATO DEL GENERAL MARTINEZ

El expresidente y dictador Hernández Martínez , fue asesinado en su residencia de exilio en Danlí, El Paraíso, Honduras a las 12:00 horas del domingo 15 de mayo de 1966.

El autor del asesinato fue su propio chofer y motorista, un hombre llamado José Cipriano Morales. El crimen ocurrió en el comedor de la casa del general, ubicada en la Hacienda Jamastrán, en Danlí, Honduras. Cipriano Morales le atacó con un arma blanca y le asestó 17 puñaladas. El cuerpo del exmandatario fue encontrado por uno de sus hijos tres días después en estado de descomposición en la bañera de su casa con múltiples puñaladas.

Tras robar algunas pertenencias, Morales escapó cruzando la frontera con rumbo a El Salvador. Días después, la Guardia Nacional de El Salvador localizó y arrestó a Morales en la ciudad oriental de San Miguel.

Al ser detenido por las autoridades salvadoreñas, Morales confesó abiertamente haber cometido el asesinato. Explicó que estaba ebrio y que tuvo una fuerte discusión con el general porque este no le quería pagar su salario, argumentando que Morales se lo gastaba todo en alcohol. El general Martínez tenía 83 años de edad al momento de su muerte.



Los restos del expresidente Hernández Martínez llegaron a Ilopango en avión de la Fuerza Aérea de Honduras el 19 de mayo de 1966. Estuvieron en Capilla Ardiente en La Auxiliadora. Una comisión del Gobierno integrada por el canciller Roberto Eugenio Quirós y los ministros del Interior, Fidel Sánchez Hernández, y de Defensa, Marco Aurelio Zacapa, expresaron su pesar a la familia.

He aquí la foto de José Cipriano Morales, tomada por El Diario de Hoy y publicado en una edición Extra. Se cuenta que cuando el cuerpo del general Martínez era enviado a El Salvador en un avión de la fuerza aérea hondureña ya las autoridades habían localizado a su asesino.







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