sábado, 27 de mayo de 2023

RECUERDOS DEL COLEGIO UNION 890

Por Joaquín Rivera Larios




Durante los convulsos años de 1975, 1976 y 1980 cursé primero, segundo y sexto grados en el Colegio Unión 890, también conocido a secas como “El Espinal”, el cual estaba ubicado sobre la Alameda Juan Pablo II, media cuadra al oriente del Parque Centenario. Esa casa de estudios, fundada el 4 de junio de 1924,  desapareció poco después del terremoto del 10 de octubre de 1986. Casi enfrente estaba la Escuela de niñas República de Colombia y una cuadra al oriente el Colegio de niñas La Divina Providencia.

El colegio solo impartía primaria, era dirigido por su propietaria, doña Margarita Espinal de Rivera Pino (1905-1987), la recordada “niña Yita”,  una docente muy dinámica, abnegada y seria, que se entregaba en cuerpo y alma a su apostolado. Al retornar en 1980 para cursar sexto grado, me encuentro con la niña Yita en silla de ruedas por la amputación de una pierna, pero no perdía su mística de trabajo y autoridad. 

Fue hija de Francisco Espinal y Rosa Ramos, nació  en San Salvador el 3 de febrero de 1905. Contrajo nupcias con Carlos Rivera Pino el 26  de diciembre de 1941. Falleció en San Salvador  el 4 de agosto de 1987 a los ochenta y dos años y fue sepultada al día siguiente en el Cementerio General.


                                            
    

Doña Margarita fue muy destacada, prueba de ello es que El Diario de Hoy del sábado 3 de octubre de 1981, dio cuenta que fue electa Mujer del año 1981-1982, en Asamblea General de la Unión de Mujeres Americanas, Capítulo El Salvador, por enmarcar una personalidad definida y valiosa y por tener una fecunda trayectoria de servicio cultural y social, en beneficio de los niños, de la juventud y de las clases desposeídas.
 
                                                



Con respecto al origen del curioso nombre del Colegio, tenía la remota idea que era para rememorar una de las tantas gestas fallidas que se promovieron para activar el estado federal de Centroamerica en el siglo XIX. Una versión distinta proporciona  Norma Alicia Pañameno Merlos, profesora de kinder en los setentas, quien explica que el padre de la niña Yita, era originario de La Unión y en el ejercito estadounidense tenía asignado el número 890, de ahí que al egresar su hija de la Escuela Normal de San Salvador, le dijo “te voy a poner un colegio y le vas a poner Unión 890”.                                                                         



La lucha de la memoria contra el olvido es cuesta arriba. En el ánimo de hacer una breve reseña de la historia del Colegio,  solicité al Ministerio de Educación a través de la oficina de Acceso a la Información Pública, datos sobre la fecha de fundación y cierre del centro de estudios, la fecha de publicación del Acuerdo de creación en el Diario Oficial. Para mi sorpresa, dicha oficina declaró inexistente esa información, mediante resolución del veintiséis de mayo de dos mil veintitrés, aduciendo que el Jefe del Departamento de Legalización de Centros Escolares no tenía registros de dicha entidad, porque la Unidad de Acreditación y Coordinación de Centros Escolares inició labores en 1996.

       

Escudriñando en la red encontré otro hallazgo histórico valioso, y es el acuerdo de autorización de la nómina de profesores del colegio en 1966, suscrito en el Palacio Nacional  por el entonces Ministro de Educación Revelo Borja a nombre de la Dirección General de Educación  Primaria,  publicado en el Diario Oficial del 30 de septiembre de 1966, Tomo No. 212, Pág.15 

                                


Una de las cartas presentación más grandes del Colegio Unión 890, es que en sus aulas se formó en los años treinta del siglo pasado, el ingeniero José Napoleón Duarte (1925-1990), ex presidente de la República, ex Alcalde de San Salvador, antes de ingresar al Liceo Salvadoreño, de donde graduó de bachiller en 1944, recibiendo la protección y guía del padre marista Anacleto. Esto se hizo publico en un documental que se difundió en TV para la campaña presidencial de 1984 que se puede apreciar en YouTube bajo el título “ Biografía del Presidente Ing. José Napoleón Duarte”.

                                                                            

Recalé en el colegio justo en 1975, cuando frisaba los seis años, vestía guayabera celeste y pantalón corto azul negro, año en que El Salvador, lucía sus mejores galas para recibir a las mujeres más bellas del planeta, que deslumbraban y generaban crispación y frenesí donde llegaban, en el marco del concurso Miss Universo que tuvo lugar en el Gimnasio Nacional el 19 de julio de ese año. En aquella época el eslogan turístico de nuestro país era “El Salvador, el país de la sonrisa”.


                                                            
                                                                        
El segundo trimestre de primer grado sufrí una advertencia lapidaria: si no aprendía a leer aplazaría el grado. En principio batallé día y noche infructuosamente con el Silabario Hipanoamericano, para abrirme paso en el mundo de la lectura. Fueron días aciagos, la posibilidad de  reprobar el grado se había convertido en una pesadilla que me robaba el sueño. Mi maestra Elba Orellana de López perdió la paciencia y la tribulación cercenó mi capacidad de aprendizaje. 
                                                


Fue mi hermana Gladys la que acudió en mi auxilio, con proverbial paciencia y apoyada en unas tarjetas empezó a alfabetizarme. En dos semanas me abrió los ojos al fascinante mundo de la lectura y me rescató de una reprobación segura. Gracias a Gladys me puse a la par de los compañeros y compañeras, la gran mayoría de ellos ya sabían leer cuando llegaron a primer grado, habían aprendido en preparatoria. Segundo grado, a cargo de la maestra Haydee Cortez de Martell, fue menos traumático.  
                                            

El temor cundía en el salón de clase cuando asomaba doña Enriqueta Kreits (“niña Queta”), una señora de avanzada edad, al parecer de origen alemán, que colaboraba en la administración y supervisión de la disciplina, ya que nos advertía que el niño o niña que no observara buena conducta, sería confinado a un salón oscuro. El miedo a un eventual castigo expandía nuestra imaginación infantil y nos hacía recrear los elementos terroríficos que habitaban ese salón sombrío. Yo me representaba un cuarto poblado de tiburones.




EVENTOS MEMORABLES

Uno de los recuerdos más memorables vinculado al colegio tuvo lugar una soleada mañana de 1976, cuando de improviso llegó Chirajito (1936-2010)  al salón de actos, diciéndonos “hola marachitos” y nos deleito con sus ocurrencias. Chirajito, cuyo nombre real era Arístides Alfaro Samper,  fue famoso por su participación en el programa dominical de televisión “Jardin Infantil” que transmitía Canal 2 y a su vez por disparar frases como "Marachito", "Guacata", "Ya te vas papito, salú pues".

                                            


Otro evento inolvidable fue la celebración del cumpleaños de la compañera Teresa del Carmen Blanco Gumero, en segundo grado. Posteriormente me reencontré a Teresita como condiscipula en las aulas de la Facultad de Derecho de la Universidad José Matías Delgado. Venía de las filas de la Escuela Americana. Su familia era dueña de la famosa Academia Lina, que impartía clases de costurería y cosmetología.

EL RETORNO AL COLEGIO

Cuando retorné al Colegio en 1980 para cursar sexto grado, después de estudiar tres años en la Escuela Experimental Unificada Humberto Romero Alvergue, mi maestra fue doña Elia Matilde Benavides de Guzman,  una docente muy seria y estricta, pero también muy humanitaria que gozaba de mucho respeto y  generaba cierto temor por desplegar  mucha autoridad en el aula.                                 
                                                      

Doña Elia,  oriunda de San Miguel, falleció a los 95 años el 5 de diciembre de 2012. Fue la maestra que de manera más personalizada trató de contrarrestar una carencia endémica que he padecido: mi dificultad para las matemáticas. Acostumbraba pasarme a la pizarra a hacer sumas, restas, divisiones y corregirme los errores. Solía decirme que yo deambulaba de extremo en extremo: regularmente no era muy aplicado y a veces me extendía demasiado en algunas tareas.

                                                

Las nieves del tiempo congelan la memoria y me cuesta evocar los nombres y apellidos de las compañeras y compañeros que tuve, algunos de ellos son: Oscar Cadenas, Juan José Rivera, Manuel Vides, Choto, Rubén, Rafael,  Miguel, Darwin, Ronald Claros, los hermanos ZavalaPatricia DoñanSonia Henríquez,  cuya familia era propietaria de la Funeraria "La Católica" que estaba en el Barrio Concepción, frente a la Iglesia Misión Centroamericana.

                                        


Entre las compañeras destacaba Paty Doñan, una chica de tez blanca, de estatura mediana, muy sensata y madura, que desde mi perspectiva era la más atractiva de sexto grado. Era alguien que podía dar muy buenos consejos a un compañero de su edad. Solo una vez platiqué extensamente con ella en el aula, y creo que esa única conversación me motivó a mejorar mi rendimiento escolar.                                         

                

En el cuadro de honor ocupaba el segundo lugar, ya que el primer lugar era patrimonio exclusivo de Darwin, hijo de una profesora que daba clases en la Escuela Perú, ubicada a principios de los ochenta 
en la calle Concepción. Paty Doñan después pasó al Colegio Divina Providencia.


                                                                
                                                                            
El humorista más sobresaliente de sexto grado, era Julio a quien apellidabamos afectuosamente “Camote”. Julio nos hacía reír cuando declamaba con singular gracia las "Puesiyas" de Aniceto. El apodo tuvo sus génesis en clases cuando se hablaba de los alimentos que habían traído los europeos a América y Julio preguntaba a la maestra insistentemente si los europeos habían traído los camotes o eran propios de nuestro continente.

                                        


Julio tenía un hermano en el salón llamado Héctor, cuyo padre tenía un negocio de venta de cocos muy exitoso denominado  “Los Coquitos”, ubicado esquina opuesta al mercado ex Cuartel. De las jugosas ganancias de este negocio solía invitarnos a refrigerios en recreo. Por disposición de la dirección a los alumnos de sexto grado le correspondía la venta de gaseosas en recreo.

Conservé por muchos años una preciosa medalla de oro que se me entregó en la clausura de sexto grado con el signo zodiacal libra (la balanza) correspondiente a octubre, el mes que en que nací. Las medallas las pagamos los alumnos mediante una colecta que se hacía durante varios meses previos a la clausura.

Un estampa envuelta en nostalgia que viene a mi mente frecuentemente, es la imagen muy anciana de su Directora, doña Margarita, tocando el piano, con sus muletas al lado y nosotros (los pequeñines), cantando en un desafinado coro, en el cual por cierto algunos distorsionábamos las letras de las canciones en sentido pícaro. No obstante, las voces disonantes, la pianista, sin inmutarse se abstraía en su oficio.

MI AMIGO JUAN JOSÉ

Durante mi estancia en el colegio mi mejor amigo fue Juan José Rivera, fuimos compañeros en primero, segundo y sexto grado. Era jodedor, la chispa de la picardía se advertía en sus ojos, pese a su hiperactividad y lances donjuanescos, era un alumno muy dedicado e inteligente y compartía el segundo lugar con Paty Doñan.

                                



Era para esa época un apasionado del baloncesto en un pequeño centro de estudios donde nadie se apasionaba por el deporte de las cestas. Gracias a su incontrolado fervor por el baloncesto Juan llegó a figurar en los juegos estudiantiles con el Colegio Don Bosco, entonces dirigido por Kike Samour y en la Selección Nacional juvenil.

                                                                    
Recuerdo que en 1980 el profesor de Educación física armó un trabuco para enfrentar a un equipo del Instituto Cultural Miguel de Cervantes, el único jugador diestro con que contábamos era Juan José, los demás eran  lerdos, improvisados, sin destreza en ese deporte. Me entrené para jugar, pero el profesor hizo disputar el partido a toda la banca, menos a mí. El resultado fue una paliza descomunal de 60 a 0. A Juan José el marcador tan humillante lo hirió en su amor propio, a tal grado que cuando pasé a estudiar al Instituto Cervantes, me llamó por teléfono un par de veces, para ver si quien escribe podía gestionar un partido de revancha, esta vez con un equipo del Don Bosco en el que pertenecía Juan.

FIN DEL COLEGIO

El devastador terremoto del 10 de octubre de 1986 a las 11: 49 que asoló San Salvador, causando 1,530 muertes, 10,000 heridos, unos 200,000 damnificados y millonarias pérdidas, incluyéndose entre las víctimas mortales a 46 niñas de la Escuela Santa Catalina de San Jacinto, al parecer puso fin al Colegio Unión 890, ya que al año siguiente murió su directora, Margarita Espinal de Rivera Pino.


                                        


Aparte de una página de Facebook con el nombre del colegio, la única crónica que he encontrado en la red relacionada con ese centro de estudios, es el artículo “Terremoto 86” en el blog denominado Visión Light, en el que se describe el impacto del sismo en un niño de primer grado, a quien la catástrofe sorprendió cuando hacía fila para salir de clases y esperar que sus padres lo llegaran a traer. 
                                            


El autor narra que a raíz de la catástrofe la maestra se fue al suelo, lo que provoco la risa de todos los niños, pero luego el movimiento se hizo más fuerte, los demás alumnos del viejo colegio comenzaron a salir de las aulas y a correr por todos lados. Las niñas mayores lloraban, unas maestras gritaban que se calmaran y un alumno incluso andaba sangrando por unos vidrios que se quebraron de una ventana. Añadió que lo más feo de todo fue cuando vio entrar al colegio a su mamá afligida y con la pierna sangrada, ya que se hirió con un espejo que había en la oficina donde trabajaba.
                        


Al traer a cuenta al Colegio Unión 890, lo asoció automáticamente con la hecatombe de octubre de 1986, que no solo nos privo de miles de vidas, de icónicos edificios en el Centro Histórico y de arcaicas viviendas, sino también de aquel viejo centro de estudios que tantos recuerdos concita, empezando por aquellas maestras tan abnegadas, que nos inculcaron valores con su ejemplo, evoco a doña Elia, a la niña Yita, a doña Enriqueta Kreits (“niña Queta”), y  por supuesto,  a mis ex compañeros y compañeras, a  quienes rindo tributo a través de este artículo. 













martes, 4 de abril de 2023

UNA MIRADA AL ENCANTO IRRESISTIBLE DE THALÍA

Por Joaquín Rivera Larios



Ariadna Thalía Sodi Miranda conocida artísticamente como Thalía nació en el Hospital Español de la ciudad de México el 26 de agosto de 1971 con el talento inserto en su código genético. Su padre fue un reconocido científico y criminólogo Ernesto Sodi Pallares (1919-1977), de origen italiano; su madre, la pintora y empresaria, Yolanda Miranda (1935-2011), de raíces francesas, combinación de culturas que moldearon a la artista y expandieron sus horizontes.

La cantante relata en su libro autobiográfico “Cada día más fuerte”(2011) el shock que le provocó el deceso de su padre, que la dejó sin habla por un año. Refiere que su papá usaba un lenguaje poético y hermoso para comunicarse con ella. Hablaba en verso todo el tiempo. Fue su padre el que le enseñó a ser visual, a siempre pedir detalles de todo y a prestar atención a lo más simple, aquello que muchas veces parece irrelevante para otras personas. A estos estímulos debemos la fluidez verbal de la que hace gala Thalía en cada interacción con el público.

                                                

    
Su madre era una mujer talentosa, de buen gusto y elegancia, con una personalidad fuerte y segura, que irradiaba a todos la mejor energía. Estudió para ser pintora y era amante del mundo griego, fruto de ese amor surgió el nombre de Thalía. Fue un pilar en la vida de la artista, la acompañó a varias grabaciones, lanzamientos, encuentros y la apoyó cuando decidió lanzarse a crear su propia línea de ropa. Le demostró la importancia de la independencia económica para las mujeres, una postura muy avanzada para su época.

NOBLE ABOLENGO

Su familia ha interactuado en las élites políticas y culturales de México, no es casual que aparezca en la red un video que data de 1970 en el que Sodi Pallares entrevista al final del sexenio al entonces presidente azteca Gustavo Diaz Ordaz, que póstumamente sería suegro de la diva. Ha sido tan influyente la familia Sodi, de origen italiano, asentada en Oaxaca, cuyo patriarca es Carlos Sodi, que una semblanza de ella aparece en Wikipedia.

                                            


Su abuelo paterno, Demetrio Sodi (1866-1934), fue un connotado escritor, periodista, jurista y político que ocupo la presidencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, la Secretaría de Justicia en la época del General Porfirio Diaz, defendió en 1928 a José de León Toral, el asesino confeso del presidente electo de México, Álvaro Obregón. Su tío paterno, Demetrio Sodi Pallares (1913-2003), fue uno de los más grandes cardiólogos que ha dado la tierra azteca al mundo.
                                        


Sus hermanas también han adquirido celebridad: Laura Zapata, actriz y productora de teatro; Federica, Arqueóloga y antropóloga; Gabriela, pintora, profesora e historiadora; Ernestina Sodi, historiadora del arte, escritora, periodista, ex modelo. En el clan femenino Sodi Miranda el genio es un bien de familia. Bajo esos altos estándares de calidad profesional y artística se forjó Thalía.
                                    
                                            


FULGURANTE CARRERA

Thalía dejó impresa con tinta imborrable en la juventud de las ochenta y noventa una imágenes de mechón blanco y flores, que la asemejaba con Marilyn Monroe. Proyectó una perfecta mezcla de candidez adolescente, chispa, vivacidad, de fina habilidad y astucia en el manejo de la seducción. De bello semblante, destilaba coquetería, gracia y dulzura en su timbre de voz y gestos, su esbelta silueta y curvilínea figura arrancaban profundos suspiros.

                                                                                        


Una chica precoz en grado superlativo, quizá como síntoma del vacío paterno que sufrió desde la temprana infancia, cultivó tórridos romances con personas mayores que cimentaron su sorprendente ascenso a la cumbre del espectáculo, entre ellos el productor musical Alfredo Díaz Ordaz (hijo del mencionado ex presidente Díaz Ordaz), quien ejerció el efecto Pigmalión sobre ella y Tommy Motolla, el magnate estadounidense de Sony Music.


Me gustó lo que dijo en una entrevista, a propósito de sus elecciones amorosas, que se inclinaba por la atracción intelectual, que se enamoraba de la mente, la inteligencia y la madurez de un hombre.

                                                                    

En 1981, a los nueve años de edad, Thalía se incorporó como vocalista de un grupo infantil llamado Pac Man, el cual acababa de integrarse con el fin de participar en el festival de canto “Juguemos a cantar” de Televisa. Posteriormente, Pac Man cambió su nombre a Din-Din, y con dicho grupo la cantante se presentó en fiestas y en eventos ocasionales, llegando a grabar cuatro discos entre 1982 y 1983, entre ellos “Recordando el Rock and Roll” y “Somos alguien muy especial”.


En 1986 recaló en el grupo Timbiriche, en sustitución de Sasha Sokol, donde disputó protagonismo con la rubia dorada, Paulina Rubio. La andadura con esta banda significo la grabación de tres álbumes de estudio: Timbiriche VII (1987), el disco doble Timbiriche VIII y IX (1988) y Los clásicos de Timbiriche (1989). En 1989 dejó atrás la banda y se embarcó en la aventura de construir su propia marca en el firmamento musical.
                                                    
                                                    
                                                               

A finales de 1989 inició su formación en la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA), tomó clases de inglés, baile, canto y actuación. Aprendió a tocar el bajo y saxofón con el compositor estadounidense Dave Boruff.

Tomando distancia de su imagen de niña inocente que cautivo al público en la telenovela “Quinceañera”, al lado de Adela Noriega, aun desafiando la censura, se cinceló un nombre como solista con un estilo insinuante, atrevido, rebelde, interpretando temas sugestivos como “Saliva”, “Un pacto entre los dos”, “Amarillo azul”.

                                                                            



Alcanzó el clímax del estrellato con “Piel Morena” que forma parte del album en “En extasis” (1995) y el mega éxito “Amor a la mexicana” (1997), de la mano del genial productor Emilio Estefan y el compositor Kike Santander. El portal de internet Terra ubicó a «Amor a la mexicana» en el primer lugar en su listado de «Las 50 mejores canciones latinas». El tabloide británico The Sun la clasificó como número 25 entre las “50 cantantes que nunca serán olvidadas” en la historia musical.

Inspirada en las actuaciones teatrales de su hermana Laura Zapata, del canto saltó a las telenovelas, suscribiendo para tal efecto el contrato más oneroso que Televisa haya contraído con una actriz, rompiendo todos los récord de audiencia en su trilogía “María Mercedes”(1992), “Marimar” (1994), “María la del Barrio”(1995), todas basadas en el cuento de la Cenicienta que cobró notoriedad en la versión de los Hermanos Grimm.

                                                

Su bello rostro se paseó en las pantallas chicas de Asia, Europa, ya no digamos de Hispanoamérica, erigiéndose en una especie de reina azteca, concitando multitudes en remotos países como Filipinas, donde sus fans la idolatraban.

LEGADO LITERARIO


No solo ha sido prolífica como actriz y cantante, si no que también ha dejado a su paso un legado literario, siguiendo los pasos de su abuelo, el jurista Demetrio Sodi y de su hermana Ernestina. De su talento han brotado cuatro libros. El primero salió a luz en 2007, bajo el título Thalía: “¡Belleza! Lecciones sobre el lápiz labial y la felicidad”, el cual escribió en colaboración con Belén Aranda-Alvarado. La obra aborda consejos de la artista para mujeres sobre el cuidado de la piel, cabello, maquillaje y belleza interior, con fotografías que explican paso a paso cómo lucir esplendida.

                                                                    
Inspirada en su maternidad, dos años después salió a la venta su segundo libro, Thalía: “¡Radiante! Guía para un embarazo fabuloso”, donde en colaboración con el doctor Andrew Kramer, obstetra y ginecólogo del hospital Mt. Sinai de Nueva York, da consejos a las madres sobre el embarazo, los dolores de parto, la nutrición. 

                                    

Su tercer libro se lanzó al mercado en 2011, en el cual, titulado “Cada día más fuerte”, Thalía habla de experiencias personales de su vida y de sus éxitos y tragedias, como fue el secuestro de sus hermanas Laura Zapata y Ernestina Sodi, ocurrido el 2002, el padecimiento de la enfermedad de Lyme, el fallecimiento de su padre, cuando ella tenía seis años de edad, así como la muerte de su madre Yolanda Miranda Mange (semanas antes de la publicación del libro) y parte de su trayectoria artística. 
                                    



En 2013, Thalía da a luz su primer libro infantil, llamado “Chupi: el Binky que regresó a su hogar”. La escritora creó Binkylandia, un país encantado donde viven los binkies, y al lugar donde regresarán algún día, para leer a sus pequeños a la hora de dormir. Con colores vivos y llamativos, esta divertida historia procura ayudar a los niños a afrontar el difícil momento de dejar el chupete. Todos los libros han sido publicados también en inglés.

MOMENTOS DE EXTASIS

Al menos en dos ocasiones Thalía ha premiado a los fans salvadoreños con su presencia. La primera cuando integraba Timbiriche causó revuelo junto a sus compañeros en el Hotel Presidente el 11 de noviembre de 1988, justo un año antes de la ofensiva final.

                                                                    
Casi cinco años después, ya como solista incluyó a El Salvador en su gira Tour Love y el sábado 25 de septiembre de 1993 estremeció al Gimnasio Nacional con sus coreografías, vestuario, juego de luces de cada una de sus interpretaciones. Ya para esa época era una cantante muy cotizada, al punto que cables internacionales informaron que Thalía había cobrado 35, 000 dólares por su única presentación en nuestro terruño. 




En una crónica publicada en este blog denominada “Thalía y la huelga de salud” doy testimonio de la pesadumbre que me embarga desde septiembre de 1993, por haberme perdido tan excelente recital, dado que me vi conminado a verificar como Delegado de la PDDH una huelga en los hospitales públicos de la zona paracentral del país (Cuscatlán, La Paz, San Vicente, Cabañas), mediando con los sindicalistas y médicos para que atendieran las emergencias.

En nuestra vivencia como fans de una artista, se experimentan momentos de éxtasis, en el que quedamos boquiabiertos, estupefactos, casi sin aliento y sin duda uno de ellos fue contemplar a Thalía con su típico ramillete de flores en su sentida interpretación del tema “Pienso en ti": “¿Qué es lo que queda cuando tú no estás?/¿A quién acudo para amar?/ Quiero decirte que me hiciste mal,/ si te quiero amar o te quiero olvidar/Pienso en ti, que tus manos me acarician/Pienso en ti, cada instante de mi vida,/pienso en ti,/ porque eres todavía, mi amor”. 










domingo, 26 de marzo de 2023

EXITOS Y TRAGEDIAS DE ESPIRITU LIBRE

Por Joaquín Rivera Larios  



Es increíble la alegría que esparció en un país ensangrentado, Espíritu Libre, el mejor grupo show de El Salvador, en los años setenta, ochenta y noventa, popularizando temas como “Arquitecto de tu amor”, “Escúchame”, “Quiero más música” “La fiesta de mi pueblo”, “Playboy”, “Títere de Plástico”, “Loco de remate”, “Amor Secreto”, “Chupacaña”, entre muchos otros. El objetivo era competirle y ganarle al mejor grupo de la época: Fiebre Amarilla, dirigido por Carlos Peraza.

No solo mitigaron el dolor en plena conflagración bélica con sus pegajosas y juguetonas canciones, al ritmo pop latinos, tropical, combinadas con preciosas baladas, vistosos vestuarios y atractivas coreografías (al estilo Tavares y The Commodores), si no que reforzaron la identidad y el orgullo nacional echando mano de temas autóctonos como el platillo típico de El Salvador con el mega éxito “Me gustan las pupusas” que explotó en 1985. 
                                    


En el libro “¡Soy Lora! Biografía autorizada de Jhosse Lora en sus cincuenta años de trayectoria” (febrero de 2022), se registran los inicios de Espíritu Libre, el cual tuvo como embrión el grupo “Oro Negro” integrado inicialmente Rolando Aguiñada en la guitarra, Rafael "Lito" Aguiñada  (congas) Arturo Molina (teclados), Edgardo Orantes (batería y hacía coros). Luis Felipe era vendedor de seguros en SISA y con sus ahorros invirtió en la agrupación, la cual ensayaba cerca del parque Centenario.                                           

                                         


                                                                       
Luis Felipe Aguiñada contó a sus hermanos Jhosse y Rolando Aguiñada que le gustó mucho una novela que recién había leído “Juan Salvador Gaviota” de Richard Bach, en la que esa ave deseaba aprender a volar con libertad, pero no contaba con el apoyo de su familia ni de sus amigos. Le había interesado tanto la fábula que decidió que el símbolo del nuevo grupo fuera ese espécimen. 

          

Así fue como grabaron el primer sencillo en 1977 en Discos Centroamericanos (DICESA), bajo la dirección artística del pianista Angel Gutierrez, con covers de dos canciones ya famosas: una balada romántica compuesta por John McIve del grupo londinense LAW; y “The warrior”, del grupo británico-afrocaribeño Osibisa (del álbum “Ojah awake”, de 1976). El estribillo de la canción, «Ossa Ossa O», fue convertido a “Goza con sabor” y remata el final con “La Gaviota”.

                                                                            


En una época en que los músicos en nuestro país solían ejecutar canciones de artistas famosos traducidas del inglés, la filosofía que su fundador le inyectó al grupo fue interpretar temas originales para "impulsar realmente música propia”, de ahí que motivó al elenco para la creación de tonadas originales. Es así como Jhosse, incursionó en la composición. De las aportaciones, escogían los temas que se iban a grabar sin saber cuál era el que a la gente le gustaría.


En esta dinámica de elección de canciones, los integrantes escribían las letras y las montaban en demos musicales y votaban cuales serían grabadas en el próximo disco. Fue así como en un primer momento fue rechazada “Me gustan las pupusas” y fue escogitada hasta en una segunda votación. A regañadientes fue incorporada en el sencillo de 45 revoluciones al lado “B”, apareciendo en el lado “A” “Quiero más música”, composición de Nelson Alfaro. Jhosse se fue de pupusería en pupusería, con el producto bajo el brazo, a promover su creación.

                                    

    
                                            


En febrero de 1981, lanzaron el primer disco de larga duración (LP), titulado "Chupa caña". En 1982, dieron a luz su segundo material discográfico "La Fiesta de mi pueblo". Le siguieron "Pop Latino" en 1984 y "El artesano" en 1986. Cuando trabajaron la producción "Arquitecto de tu amor"(1987), el grupo se trasladó a Guatemala para grabar con DIDECA. Su exitosa trayectoria artística continuó hasta culminar 13 producciones y con ellas también se produjeron los cambios de integrantes.
                                            

                    
La alineación inicial de Espíritu Libre se desmoronó
y hacia 1977 se fue consolidando con los integrantes que más perdurarían y quedarían en la retina del público, así: Jhosse Aguiñada, Nelson Alfaro, Flavio Peralta, Berna Oliva y Manuel Martínez. Posteriormente se incorporaron otros artistas reconocidos de la talla de Héctor Rodas (tecladista), Victor Tomasino(saxofonista), Carlos Quintanilla hijo (tecladista),  René Alonso (vocalista) y Wilfredo España (coreógrafo). 
                                        


Con respecto a las vocalistas que pertenecieron a Espiritu Libre, he buscado en crónicas de que se encuentran en la red, no aparece el nombre de Briseyda Portillo, que alternó con Cony, una vocalista canadiense que no hablaba español. Solamente se mencionan Carmelina Bernal (esposa de Luis Felipe Aguiñada), Sonia Henriquez (QDDG), Ninoska, Ligia Morán

Briseyda Portillo brilló también como solista, se presentaba en Jardín Infantil. Recuerdo que al principio de su carrera interpretaba canciones originales acompañada de su guitarra. En YouTube aparece un vídeoclip de una tonada interpretada por Briseyda correspondiente al género del pop latino denominada "Guardaré el secreto de tu amor" (1991), escenificado en la playa.   
                                                                        
                                                            

Hurgando en Facebook información sobre "Espíritu libre" encontré una página de la Revista TV Guía con los mejores cinco cantantes y grupos nacionales años 1980-1981, siendo éstos los siguientes: Eduardo Fuentes, Jaime Turish, Fermin Iglesias, agrupaciones Simiente y Espíritu Libre.  
                        


REENCUENTRO

"Espíritu Libre" se mantuvo activo hasta el año 2000. El 2012  la marca musical se puso en renta para poder ser utilizada por miembros veteranos del grupo. En esa  agrupación  se encontraban Flavio Peralta, Berna Oliva, Nelson Alfaro y Wilfredo España. Dicha agrupación realizó giras a través de los Estados Unidos.


                                                        



“Hasta que llegué a un arreglo con Flavio y le vendí la marca a él. Por ahora han seguido haciendo giras en EUA, pero no han hecho nuevas grabaciones”, expresó Luis Felipe Aguiñada.




La última cita que ha tenido Espíritu Libre con el público que añora sus canciones como producto nostálgico  fue en el Estadio Las Delicias de Santa Tecla  el 15 de noviembre de 2025,  evento en el que se celebraron con pompa sus cincuenta años de trayectoria artística,  contándose con invitados especiales de la talla del tecladista Ángel Gutiérrez, los cantantes Manuel Gómez (ex Fiebre Amarilla), Victor Emmanuelle, Bethania Inglés

TRAGEDIAS


Quizá como contrapartida del gran éxito que Espíritu Libre tuvo, las tragedias le asestaron rudos golpes, la primera de ellas tuvo lugar en pleno conflicto bélico, el 6 de junio de 1985, cuando el microbús Toyota Hi-Ace en que los artistas se conducía a cumplir un compromiso musical en San Juan Nonualco, departamento de La Paz, fue atacado a balazos, muriendo en el instante el conguero y coreógrafo Manuel de Jesús Martínez y posteriormente la vocalista, Sonia Henríquez, quien falleció 21 días después. Luis Felipe Aguiñada, el conductor, quedó lesionado en una pierna. Los dos últimos fueron trasladados al hospital.                                     
                                        


Se acusó al FMLN y se especuló que los atacantes confundieron el microbús con uno parecido en el que vendrían militares. Espíritu Libre pasó un mes sin tocar. Al mes volvieron al mismo lugar a cantar. “Llegó muchísima gente”, recuerda Jhosse, ex integrante. Y cantaron con el espíritu libre, aunque más triste que 30 días atrás
                                                        
                                                                    
                                                                






Casi siete años después, el vocalista de esa agrupación Johny Cababallero, de veinticinco años de edad, fue asesinado a la 4: 30 de la tarde del 20 de marzo de 1992, en Residencial Montebello, por un individuo fornido que llegó a la casa armado de una pistola preguntando gritos por Frank, asestándole dos balazos, mientras Johny se encontraba con una hermana y un amigo. El hechor huyó a pie y la víctima fue trasladada en carro particular al ISSS, donde falleció.
                                        


El propietario, director y fundador de “Espíritu Libre” y “Bongo”, Luis Felipe Aguiñada, murió atropellado la noche del 4 de diciembre de 2017 en la Calle San Antonio Abad de San Salvador. “Bongo” también tuvo gran protagonismo en la farándula nacional las últimas tres décadas del siglo pasado, sobre todo cuando dentro de sus integrantes figuraba Karmina Salzar, “la reina del ritmo”.