
lunes, 29 de septiembre de 2025
MASCARADAS DE VIRTUD

martes, 2 de septiembre de 2025
LA HUMILDAD ES LA LLAVE DEL ÉXITO
Por Joaquín Rivera Larios
La humildad es la llave del éxito, es la llave de las relaciones sociales, de la prosperidad, es la victoria en todas las contiendas. La clave para llevarse bien con todos, es aceptar a las personas tal cual son.
El grande debe inclinarse con bondad y amor hacia el más
pequeño y saber apreciar su valor; sentirse emocionado por la debilidad y
disponerse a defenderla. "Tengan un mismo sentir los unos para con los
otros, sin complacerse en la altivez, atraídos más bien por lo humilde; no se
complazcan en su propia sabiduría". (Romanos 12:16)
No se ganan las batallas con pleitos y contiendas, sino con humildad, el Altísimo resiste a los soberbios. Hay combates que hay que librarlos con las armas del silencio y la paciencia.
Cuidado con utilizar tu
posición para humillar, sujetar u oprimir personas. Los espacios donde tienes
mando, no los utilices para defenestrar a otros. La soberbia es el enemigo
público número uno de Dios, "porque el que se enaltece será humillado, y
el que se humilla será enaltecido." (Mateo 23: 12)
En un mundo materialista, donde prevalecen los valores
aparentes: lujo, confort, estatus, productos de marcas caras, modas, autos, joyas
de oro, fingimiento, hipocresía, ánimo
de competencia, los deseos de figurar,
así sea poniéndole la bota a otros, la humildad se torna un valor escaso, cuyo
cultivo supone ir contra la corriente.
La humildad es la verdad sobre nosotros mismos, es la virtud
que nos aleja de la vanidad, la egolatría, el orgullo y los falsos afanes de
grandeza; es ver al ser humano siempre como fin, nunca como medio. El falso
orgullo nos conmina a vivir y morir en soledad. Se trata de saber escuchar,
aprender y respetar.
Es una virtud que nos permite valorarnos con justicia,
comprendiendo nuestras fortalezas y debilidades. La firmeza y la humildad son
el fundamento de todas las virtudes. Es un ingrediente clave de la grandeza, ya
que rápido sucumbe el que triunfa siendo arrogante. Dalai Lama dijo: “Si la
humildad es nuestra compañera, todas
nuestras virtudes crecerán”.
En coincidencia con las ideas que anteceden, Mahatma Gandhi (1869-1948), el Apóstol de la no violencia y líder espiritual de la India, escribió: "La humildad es la raíz de todas las virtudes, y sin la humildad, todas las demás virtudes son solo show". Estas palabras nos recuerdan que este valor es el fundamento sobre el cual se edifican todas las demás cualidades.
La humildad es consustancial a la autenticidad, cualidad
esta última que conlleva ser genuino, fiel a uno mismo, externar la
verdad sobre nosotros mismos, sin máscaras, simulaciones, juegos de apariencias. Supone expresar sin ambages la propia identidad, las creencias y valores sin temor al escrutinio
público. Implica cultivar la sinceridad, la coherencia entre el pensamiento y
la acción.
La humildad falsa es
un concepto que se refiere a la presentación de una modestia que no refleja la
verdadera percepción de uno mismo. La falsa humildad promueve una aparente
modestia, una proyección simulada de inferioridad, para lograr aceptación y reconocimiento social.
A la base de la falsa humildad existe un
propósito de manipulación de nuestro entorno.
Las tempestades desnudan nuestra vulnerable y falible
condición humana y la humildad es el remanente que queda, después de una dura
prueba, después de un fuerte sismo, de recorrer un árido desierto, de morder el
polvo y tocar fondo, pero para los que creen en Dios, todas las cosas le vienen
a bien y al final será mucho mejor lo que vendrá.
Nos permite tener empatía, es decir, aprender a ubicarnos en
la situación del otro. Nos da paz interior, como resultado de la armonía
espiritual. Como todas las virtudes, se nutre de la sabiduría y se enaltece con
el sacrificio. Propicia una actitud perpetua de aprendizaje que nos mueve a
justipreciar las potencialidades y dones de los demás, en quienes podemos
descubrir nuevos horizontes y nuevas vías de perfeccionamiento.
miércoles, 27 de agosto de 2025
LA BENDITA MANÍA DE ESCRIBIR
Por Joaquín Rivera Larios
No sé si es una bendición o una perdición, no sé si es provechosa o es vana la manía de escribir. No sé si esa inclinación es para bien o para mal, sobre todo cuando pienso en el lucro cesante que me genera estar embarcado en ilusiones literarias, cuando debería estar de lleno abocado a mi carrera que sí que me podría generar rentabilidad.
Pero es una pulsión que no puedo evitar, la herencia que recibí de mi padre y que me negué a rechazar. Cuando pienso en la página en blanco y el reto de rescatar de las garras del olvido una historia o de expandir el conocimiento de un relato ya conocido o narrar una anécdota, pienso en las fuentes de inspiración que son múltiples. En mis delirios febriles de adolescente soñé escribir como Mario Vargas Llosa, Octavio Paz, jamás como García Márquez porque su genio es inalcanzable.
Un servidor de
ustedes empezó a escribir más de lleno desde que Vargas Llosa ganó el
Premio Nobel de Literatura el 7 de octubre de 2010. Su triunfo me inspiró y las
líneas de mi amigo Carlos Alvarenga también inspiran. El escritor genera
corrientes de opinión que mueven conciencias, quizá eso es lo más maravilloso
de este bello oficio. Comparto un poema de mi amigo Carlos, cuya pasión
genética por la literatura es contagiosa:
“Quiero escribir y
describir
Narrar y navegar
Estremecer y
estremecerme
Ocultarme para que
todos me vean
Escudriñar para
entender
Compartir, dar y
recibir
Quiero escribir
hasta morir para vivir eternamente.”
En mi mente rebota
una anécdota de mi padre que me marco profundamente: allá por 1961 envió a mi
hermano Eduardo a la televisión a leer una carta escrita por mi progenitor, en
la que rendía tributo al genio creativo de Tío Periquito, ingenioso autor y cantante
de temas infantiles que dejo huella en el programa Jardín Infantil. Mi hermano retorno a casa colmado de regalos,
entre ellos una colección de tiras cómicas aparecidas en los periódicos.
Mi progenitor me
inculcó que era un deber cívico enaltecer el mérito, la virtud, los talentos,
para ir creando un círculo virtuoso que permita multiplicar los dones. Me enseñó a poner la lupa y la pluma donde se
manifestara la inteligencia, la bondad, la creatividad positiva del ser humano, es una forma de
hacer patria. Se preguntaba a sí mismo por qué no podíamos hacer de El Salvador
un emporio cultural, científico y artístico que irradiara luz y verdad al
mundo.
El escritor vive
una especie de soledad especial, puede estar con sus familiares, amigos o
compañeros, en cuerpo pero no en alma, porque suele estar abstraído, confinado
en su mundo interior, hablando consigo mismo, o con los personajes que ha
creado para insertarlos en un cuento, en una novela, en un ensayo.
Vive por y para la palabra, lo que lo vuelve un adicto a la misma. Vive con la angustia de no perder las ideas que de manera súbita fluyen en su mente creativa, experimenta la agonía de plasmar en el papel las intensas emociones que se agitan en su interior. Y a veces siente el desasosiego que supone percibir que la vibrante idea que bullía en su conciencia se desluce o se marchita una vez puesta en la página.
El escritor Vladimir Nobokov (1899-1977) daba a sus estudiantes de literatura el siguiente consejo : «¡Acariciad los detalles! ¡Los divinos detalles!» El autor sostenía que la magia de una novela no está en el argumento general (la trama), sino en la precisión de las descripciones: El color exacto de un vestido bajo una luz específica; el sonido particular de una puerta al cerrarse; el aroma exacto de una habitación.
En broma y en serio se dice que los elementos para ser un buen escritor son la soledad, la depresión y la pobreza. La literatura suele ser una amante infiel, parafraseando a un artista podría decirse que es una herida hecha luz. Son varios los escritores y escritoras que han muerto en la extrema pobreza, como Miguel de Cervantes Saavedra y Edgar Allan Poe, otros se han suicidado en medio de un mar de tribulaciones, como Virginia Wolf, Teresa Wilms Montt, Alejandra Pizarnik, Alfonsina Storni, Horacio Quiroga, Sylvia Plat y Ernest Hemingway.
De ahí se infiere que escribir es una especie de catarsis, para desahogar el dolor, las penas, las frustraciones, para resignarnos frente un fracaso o bien para evadir una acuciante realidad. Este contexto deplorable explica la afirmación del novelista francés Gustave Flauber(1821-1880): "Para no vivir me sumerjo desesperadamente en el arte; me embriago de tinta, como otros de vino".
En esta línea temática, Gustavo Flauber también sostuvo: “El único medio de soportar la vida es zambullirse en la literatura como una orgía perpetua”. Es decir, para el autor, la escritura y la lectura eran el único propósito válido, que permite tolerar el paso del tiempo y las decepciones, un lugar donde refugiarse para sobrellevar la dureza de la existencia en procura de un placer intelectual y sensorial intenso y contante.
Con frecuencia me pregunto que tan útil es este oficio, si será verdad que la literatura es una herramienta para cambiar el mundo, para lograr transformaciones sociales, para cambiar perspectivas o puntos de vista o bien para comprender el mundo y la compleja naturaleza humana.
Dado que no confío en la palabra verbal proclive a ser ignorada o tergiversada, en los tribunales donde deambulo, incomodo a resolutores y jueces con largos escritos, que con frecuencia no son respondidos. Resuenan en mi mente las lapidarias palabras de una jueza de sentencia: “Lic. Larios aquí guardese sus escritos, exprese sus argumentos verbalmente de forma clara y convincente”.
No se quienes me
inspiran más para escribir, si Alberto Masferrer, Alfredo Espino, Vargas Llosa, María
Félix, Gloria Trevi o Thalía, o bien mis
ilustres profesores de derecho, Manuel Arrieta Gallegos, José Enrique Silvia, Florentín
Meléndez, todos ellos y ellas fueron artesanos que han dado brillo a la palabra
y desde diferentes ramas del arte y la cultura, han moldeado nuestras
conciencias y han incidido en nuestra visión del mundo.
sábado, 9 de agosto de 2025
LA MUSICA ¿UN VEHICULO DE EVASIÓN DE LA REALIDAD?
Por Joaquín Rivera Larios
Los amigos me molestan con las musas, que merodean mis pensamientos, y a la par de ellas las melodías románticas que las enaltecen y renombran. Algunas canciones están asociadas como calcomanías con beldades específicas, como "María bonita" de Agustín Lara y otras con figuras femeninas abstractas, por ejemplo "Susana" de Menudo, “Eh Lupe” de los Apson.
El telón de fondo de nuestra adolescencia fue turbulento, tenebroso, de milagro emergimos ilesos físicamente del baño de plomo fratricida de los ochenta, pero cargando a cuestas un dolor colectivo que nos mantiene con las heridas a flor de piel.
Paradójicamente como una catarsis para exorcizar tanto evento traumático, en las urbes alejadas de los principales teatros de guerra, algunos adictos al lenguaje sonoro recordamos aquellos años aciagos más por temas musicales de películas, telenovelas que tarareamos o por bailes que practicamos (Lambada, punta, salsa) que por holocausto que estremeció nuestro terruño, marcado por el horror de mortandades como la del Mozote, el Calabozo, Las Hojas.
Ciertamente, la música igual que el futbol también puede servir como cortina de humo para apartar la atención de graves problemas nacionales. A principios de los ochenta, justo al cierre del sexenio de José López Portillo, México estaba sumido en una severa crisis económica que redundó en una drástica la devaluación del peso, la caída de los precios del petróleo, la deuda externa se disparó y se volvió impagable, mientras tanto se dio un hecho insólito: el nacimiento en el Zoológico de Chapultepec del primer oso panda ocurrido en cautiverio, fuera de China.
A tal evento, todo el aparataje mediático, liderado por TELEVISA, le dio tintes de espectacularidad, millones abarrotaron el parque para ver al crío y se lanzó toda una campaña mercadológica que tuvo como punta de lanza la canción “El pequeño panda de Chapultepec”, interpretada por una juvenil y encantadora Yuri.

Cada beldad de nuestro entorno, a la que no podemos acceder, se vuelve un adorable tormento. Su presencia nos deleita e inspira, pero paralelamente al no poder interactuar con ella, sobreviene un sufrimiento inevitable, entonces invocó automáticamente "Como quisiera que no existieras", del dueto Rucks-Parker, una de las mejores baladas en la historia de la música salvadoreña. Quizá como una solución mágica a esa atracción no correspondida, se vuelve bálsamo esa entrañable tonada: "Como quisiera que no existieras/que te borraras de la faz de la tierra/y no tener que pensarte tanto/como quisiera que no existieras".

Vivi eufóricamente la clasificación de El Salvador al Mundial de España 82, mi admiración a "Mágico" González se acrecentó, veo pasar en mi mente continuamente la jugada maestra de Mágico que desembocó en el gol a México en la Hexagonal de Honduras, pero todo ese jubilo se empañó cuando Hungría nos vapuleó 10-1 en el nuevo Estadio de Elche el 15 de junio de 1982.


A veces reflexiono en el lucro cesante que me ha generado albergar tantas meditaciones románticas y que ese espíritu soñador no rentable debo suplantarlo por un espíritu emprendedor que me permita saciar las apremiantes exigencias económicas. Pero entonces recuerdo aquella entrañable canción de Diego Verdaguer (1951-2022) que enuncia: “ Dame la mano, dame una copa, /yo quiero que me beses en la boca/…Le pido pocas cosas a la vida/las que puedan ir conmigo/cuando parta sin destino…le pido pocas cosas a la vida/las que no compra el dinero son las cosas que yo quiero”.
lunes, 4 de agosto de 2025
JUAN FRANCISCO BARRAZA: GLORIA DEL FUTBOL SALVADOREÑO
Por Joaquín Rivera Larios
Juan Francisco “Cariota” Barraza, uno de los mejores
futbolistas que ha dado el país, nació en el barrio La Merced de la ciudad de San Miguel el 12 de
marzo de 1935. Estudió primaria en la
Escuela “Dr. Antonio Rosales”, ubicada en el mismo barrio. Fueron sus padres María de la Cruz Barraza y Juan de Dios
Flores.
Desde pequeño su afición y dotes futbolísticas fueron
evidentes. En especial los de su pierna izquierda que le valieron para ser apodado
con el mote de “El Catedrático de la
zurda”, y es que los testigos presenciales
de sus juegos cuentan que la pierna izquierda de “Cariota” daba miedo por su potencia
y precisión.
Marvin Galeas en una semblanza sobre "Cariota" relata: “En 1935, nacieron Mario Galeas,
Roque Dalton y Juan Francisco Barraza. El primero me dio vida; el segundo,
poesía, y el tercero, fútbol. Fútbol y poesía, dos grandes emociones en mi
vida. Mi padre me llevó al estadio de San Miguel a ver a Cariota Barraza”.
Con “Cariota”, me pasó lo mismo que con Juan Ramón “Mon”
Martinez, el héroe que nos dio la clasificación a México 1970 con su gol
providencial de cabeza ante Haití en Kinston, Jamaica, no tuve el privilegio de verlos jugar. Pero
por la vox populi sus hazañas resonaban, me imaginaba los griteríos en las gradas
de los vetustos estadios por sus jugadas maestras, escuchaba que hacía goles desde el medio campo,
que rompía las redes con sus potentes disparos.
"Cariota" es un sobrenombre que heredó de su
padre. Durante una pastorela su padre actuó como Judas Iscariote, pero un señor
de avanzada edad no podía pronunciar la palabra Iscariote, llamándolo Cariota.
Este apodo que le quedó al padre luego lo heredó su hijo.
INICIOS DE UNA LEYENDA
Todo comenzó en la cancha Charlaix de San Miguel, donde se
reunía junto a un grupo de jóvenes de su edad para practicar el deporte de sus
amores, que por muchos años practicó descalzo. Comenzó en la categoría menores
del Club Deportivo Corona, a los 8 años de edad. En el año 1950 participa con
sus hermanos en el equipo mayor del “Corona”.
Pero su vida no se limitaba a las canchas, también trabajaba
en zapatería como ayudante del propietario del taller y aprendiz del oficio. De esa manera, mientras
combinaba su vida entre canchas y suelas, se le presentó la oportunidad de
jugar en Club Deportivo Dragón. Para ello debía ser calzado y no estaba acostumbrado.
Así que le pidió un par de zapatos al dueño del taller y este
le respondió que si quería “tacos” los tenía que elaborar el mismo. Lo hizo, y necesito quince días para
adaptarse. En el estreno de sus zapatos le metió dos goles a Luis Angel Firpo,
de Usulután.
SU CARRERA GLORIOSA EN CD AGUILA
Luego de pasar cinco temporadas jugando con el equipo “escupe fuego” de Dragón, con el cual obtuvo el campeonato en 1953 y el liderazgo de goleo, en 1958 llegan los doctores Leopoldo Paz y Miguel
Charlaix a buscarlo para inscribirlo en un nuevo equipo migueleño, se trataba
del Club Deportivo Aguila, máximo representante deportivo de San Miguel, club
que aprovecharía el torrente de virtudes de "Cariota".
Su paso por el equipo naranja y negro estuvo marcado por el triunfo y el prodigio, comenzando un glorioso vuelo que ha sumado diecisiete coronas en la liga nacional, desde su ascenso a la primera división en 1959.
Fue miembro de la plantilla titular de su cuadro el año
que este se estrenaba en la Liga Mayor, en 1959, junto a Juan Antonio "Maquinita" Merlos, René "Pando" Mena, Luis "Catuta" López, Raúl Corcio Zavaleta y Rodolfo "Fito Gato" Fuentes. Ese mismo año, Barraza
encabeza a sus compañeros en la vuelta olímpica, tras haber conquistado el
primer titulo en la historia de los emplumados.
Junto a ese título vendrían de la mano de “Cariota” y otros grandes
de la época dorada del futbol nacional sendos campeonatos en las temporadas de 1960-1961,
1963-1964 y 1964-1965, 1967-1968, en esta última temporada participó el campeón
mundial brasileño Zózimo (1932-1977) como jugador y entrenador del cuadro
oriental. El dominio aguilucho era innegable,
igual que la calidad de Juan Francisco. En total obtuvo cinco títulos con Águila y uno con Dragón.
En una fascinante crónica sobre las hazañas de “Cariota”, Marvin
Galeas menciona que le hizo una entrevista mientras la gloria del futbol
conducía un taxi en el centro de la ciudad, acribillándolo a preguntas sin
grabadora ni micrófono, aprovechó la ocasión para interrogarlo sobre el famoso
gol desde la media cancha:
“Dice mi papá que
usted metió un gol de media cancha. Cuénteme cómo fue”. Me miró por el espejo y
comenzó el relato. “Estábamos en el estadio de San Miguel. Iba a comenzar el
partido. ‘Máquina’ Merlos tenía que repartir la pelota. En eso vi a (Mauricio) ‘Tarzán’ Alvarenga, que se había salido
bastante de la portería. El árbitro no había pitado todavía el inicio.
Entonces, le dije a ‘Máquina’, disimulado como quien no quiere la cosa, (Juan
Antonio) ‘Máquina’, mirá a Tarzán cómo está... pasámela suavecita la pelota tal
vez la meto desde aquí”.
El árbitro pitó, “Máquinita Merlos, me la pasó suavecito. Yo
le di, desde el centro de la cancha, un
mameyazo a la pelota así como venía, directo a la portería”. “Tarzán Alvarenga
corrió para atrás, para atrás, para atrás, levantó las manos, arañó el aire,
pero ya no pudo y la pelota entró bombeadita”
Vale mencionar, que “Cariota” Barraza junto a Juan Antonio “Maquinita”
Merlos (San Miguel 1941- Santiago de María, 2014), formaron una dupla letal durante los años sesenta,
colmando de orgullo y jubilo a la afición, en especial a la aguilucha.
Relata Manuel Cañadas en una crónica que cada tiro libre de "Cariota", estaba revestido de expectación y al sacar sus tremendos disparos, un estremecimiento recorría los graderíos como preámbulo al gol. Pero no solo fue su potencia al patear al arco, lo que lo convirtió en grande, fue su habilidad, sentido táctico, su temperamento y su capacidad para agrandarse en los momentos más críticos, lo cual lo distinguía y le dio la categoría de ídolo en aquellas tardes gloriosas del fútbol nacional. Eran tiempos en que no se podía concebir una Selección Nacional, sin "Cariota".
TRAYECTORIA EN LA SELECCIÓN
Juan Francisco Barraza vistió por primera vez los colores
nacionales el 15 de febrero de 1953 contra el equipo Palermo, que estaba
constituido por extranjeros residentes en Guatemala. El partido se realizó en
el estadio Flor Banca de San Salvador.
De esa manera comenzó el trajinar de Barraza, por los senderos de la selección, que vieron su máximo logro en 1954, cuando la oncena cuscatleca logró la Medalla de Oro
en los VII Juegos Centroamericanos y del Caribe, celebrados en México.
Ese fue el triunfo más grande del futbol salvadoreño, antes
de la clasificación a México 70. Esa gesta fue inolvidable, porque le ganaron
el juego decisivo a México 3-2 el 13 de marzo en el Estadio Olímpico de la Universidad
Autónoma (UNAM), con anotaciones de Mario “Marilet” Montoya (2) y Ricardo
“Chilenito” Valencia.
La oncena cuscatleca ganó invicta esa justa. Aparte del aztecazo
ante la selección local, los resultados de ese torneo fueron los siguientes:
empate 2-2 con Colombia (09/03/54), triunfo 3-1 sobre Cuba (12/03/54), victoria 1-0 sobre Panamá (17/03/54). Barraza anotó tres goles, uno ante Colombia,
otro contra Cuba y el que selló la medalla de oro ante Panamá.
Miguel Blandino en una crónica titulada “Hace 70 años: el golazo de Cariota contra Panamá” publicada el 20/03/2024 en el periódico virtual el Independiente relata: “Mi tío Mauricio acababa de graduarse en la Facultad de Medicina de la UNAM y estaba haciendo su especialidad de pediatría en el Hospital Infantil. Estuvo en cada partido y cuando recordaba aquel golazo de Francisco «Cariota» Barraza, sus ojos se volvían a poner llorosos y la voz le cambiaba”.

Los protagonistas de la histórica hazaña en tierras aztecas
fueron: Manuel “Tamalón” Garay, Oliverio Gómez, Ricardo “Chilenito” Valencia,
Calulo Hernández, Armando Larín, Yohalmo Aurora, Armando Moreno, Luís “el Loco”
Regalado, Ramón Chávez, José Hernández, Fernando Barrios, Juan Francisco “Cariota”
Barraza, Alfredo Ruano, Conrado Miranda, y Mario Montoya. Todos dirigidos por Carbilio
Tomasino.
Así como sucedió en los VII Juegos Centroamericano y del Caribe,
en muchas otras ocasiones "Cariota" guío a los nuestros en tardes y faenas gloriosas
sobre los engramados de la región. Al final de su carrera como seleccionado, el
8 de junio de 1969 en el histórico partido que perdimos 1-0 contra Honduras en
Tegucigalpa rumbo al Mundial de México 70, Barraza había jugado 40 partidos y
anotado 19 goles.
El periódico virtual elsalvador.com el 9 de marzo de 2023 bajo el encabezado “Un día
como hoy ‘Cariota’ Barraza arrodilló a Nicaragua” dio cuenta que el 1 de marzo
de 1961, "Cariota", la mejor zurda de la historia del futbol cuscatleco,
le anotaba cuatro
goles a la selección nicaragüense. La Selecta en aquella ocasión ganó por
marcador 10-2.
Bajo la dirección del entrenador argentino, Gregorio Bundio (1928-2015), con motivo de las eliminatorias al Mundial de México 70, “Cariota” jugo cuatro partidos que sumaron tres victorias y una derrota: 6-0 contra Surinam (1/12/68) en San Salvador, 1-0 contra y 2-1 contra Curazao los días 12 y 15 de diciembre de 1968 en San Salvador, y la derrota de 1-0 contra Honduras el 8/06/69 en Tegucigalpa, mientras sonaban tambores de guerra. Anotó dos goles: uno contra Surinam y uno contra Curazao.
Por todo ello en 1982 el estadio de San Miguel inaugurado el 15 de noviembre de 1959, fue bautizado como “Juan Francisco Barraza”, en honor al más grande futbolista que ha dado la ciudad oriental.
REFUERZO DEL SAO PAULO
Varios de esos engramados más allá de nuestros fronteras “Cariota” los visitó como jugador del Sao Paulo de
Brasil en enero y febrero de 1964, que después de ver la calidad de Barraza lo
incluyó en su plantel para dos giras, una en México y otra en San Salvador.
El periódico virtual elsalvador.com publicó el 08/10/2020 una
crónica bajo el título “A más de cinco décadas del paso de Juan
Francisco Barraza por el Sao Paulo brasileño”, en la que relata que días antes
de salir jugo un amistoso con Águila ante el Slovan Bratislava de la otrora
Checoslovaquia, donde lo anotó el único gol de los emplumados al considerado
mejor portero del mundo de aquella época, Viliam Schroif (1931-2007), subcampeón
mundial en Chile 1962.
Y es que de acuerdo a las crónicas de años 60, fue
parte de una gira que realizó el conjunto paulista en México en 1964, para ser
parte del I Torneo Hexagonal de Fútbol en el Estadio Olímpico Universitario de
la capital mexicana del 16 de enero al 13 de febrero.
En ese torneo el “Catedrático de la Zurda” vio minutos ante
las Chivas de Guadalajara, Necaxa, Partizán de Belgrado, América y la selección
nacional de Moscú, que se coronó campeona del hexagonal, si bien no pudo anotar
en ese torneo, su participación fue aprobada por el equipo y los acompañó a la
segunda parte de la gira, en San Salvador.
Ese segundo torneo era una triangular que se realizó para
recolectar fondos que servirían para la construcción de la Feria Internacional,
ahora Hospital El Salvador. Los partidos fueron en el Estadio Nacional Flor
Blanca, ahora Jorge “Mágico” González. Los equipos participantes fueron Sao
Paulo, Racing de Avellaneda y Nacional de Montevideo.
En el primer partido, ante el Nacional, el 16 de febrero de
1964, “Cariota” Barraza fue la gran figura al anotar el gol de la ventaja
parcial sobre los nueve minutos, “fue producto de una bien hilvanada
combinación surgida de la volantía, recibiendo seguidamente Faustino, quien
cedió a Bené y este pasó la pelota a Barraza, que ni corto ni perezoso remató
en las propias barbas del portero Sosa”, consigna El Diario de Hoy del día
siguiente. El empate fue anotado por Roberto Mirabelli en el 39’.
"Cariota" pudo fichar finalmente con Sao Paulo, pero desistió de esa oportunidad que habría dado un viraje a su historia. Según versiones de los periodistas de la época, Barraza no se veía cambiar de ambiente, para recalar en un balompié que le era desconocido.
TRIUNFOS COMO ENTRENADOR
Tras su época de jugador, se reinventó como entrenador, y
formó al gran Águila campeón de liga 1972 y subcampeón centroamericano 1973. En
1972 el coronel Arturo Armando Molina candidato. Golpe de Estado frustrado en
marzo. La golpiza al lider opositor José Napoleón Duarte y su posterior exilio a Venezuela. Pero “Cariota” Barraza estaba
muy ocupado entrenando a un grupo de cipotes desde el año anterior.
El kínder de Barraza, le decían al equipo integrado por promesas que dejarían su impronta en el futbol criollo: Luis Abraham “el
Muñeco” Coreas, Baltazar Ramírez “el Pele”
Zapata, Juan José “JJ” Polío, Luis “el
Capi” Rivas, Felix "Garrobita" Pineda, José Ismael “Cisco”
Díaz ... y fueron campeones. Después le ganó al Saprissa allá,
en Costa Rica. Con FAS fue campeón en 1981 y dos años después, logró su último título como entrenador con Águila.
MUERTE
“Cariota” murió en el Hospital Zacamil, jurisdicción de Mejicanos, el 27 de diciembre de 1997, tras sufrir una crisis cardíaca. Barraza nunca dejó de ser una leyenda, pero las nuevas generaciones no lo ven como una estrella.
De las proezas de Barraza en los engramados no quedaron videos ni documentales, ni novelas. Solo quedaron fotos color sepia, reportajes en periódicos archivados en empolvadas hemerotecas y vivencias fantásticas que se trasmitían de viva voz por quienes tuvieron el privilegio de verlo. El peso de "Cariota" Barraza se aprecia en su contexto.
No lo conocían ni en el estadio Barraza, donde le cobraban la entrada y murió a los 62 años bajo una pesada y censurable indiferencia pública. Sin embargo, por su entrega, sacrificio, virtuosismo técnico, patriotismo y perenne humildad, seguirá viviendo en el corazón de los salvadoreños que atesoran su recuerdo, como una de las máximas glorias del balompié cuscatleco.













































































