Por Joaquín Rivera Larios

Nacida en Tapachula, el 27 de enero de 1972, el talento artístico con el que cautivo a sus fans hasta el delirio tiene raíces genéticas, al tiempo que se pulió y acrecentó en el ambiente familiar: es hija de la maestra de ballet clásico Silvia "Bibi" Barragán y del arquitecto Daniel Gaytán. Tiene cuatro hermanos que han figurado en el ambiente artístico, entre ellos, Gonzalo "Chacho" Gaytán, quien formó parte de los grupos musicales Gravedad Cero y de Sentidos Opuestos y hoy en día es uno de los compositores musicales más importantes de México; Daniel "Mano" Gaytán, quien también fue parte de Gravedad Cero y el exitoso grupo Timbiriche.
Huberto
Batis narra en el articulo titulado “Sábado, el destape erótico” que Biby
Gaytán causó sensación entre los escritores. Por su causa vimos un fenómeno
pocas veces visto: los poetas empezaron a dedicarle poemas a una estrella de la
farándula. Relata lo que hizo el poeta
tapatío Jorge Esquinca cuando llegó al aeropuerto de Villahermosa de Tabasco,
se bajó del avión y lo primero que hizo fue besar el suelo, como hizo el papa
Juan Pablo II en su primera visita a México. Le preguntaron si era muy católico
y Esquinca respondió: “No, es que aquí nació Biby Gaitán”.
Escudriñando en la red alguna otra conexión de la “Barbie morena” con nuestro terruño, me encuentro con un vídeo en YouTube titulado “Biby Gaytan en El Salvador” que data del 2011 relativo a una imitación de Biby que escenifica la modelo y conductora salvadoreña Celina Chanta en un programa matutino de variedades de Canal 12. Y las criticas que fluyen en la red en su mayoría son ácidas hacia Celina, y es que no es fácil calcar la peculiar capacidad de hacer suya una tonada, de inyectarle sentimiento y emotividad a la interpretación, es muy fatigoso replicar esa milagrosa habilidad de conectar con el público, hasta llevarlo al éxtasis, exclusiva de artistas ungidos.
Siendo todavía un mozalbete, ver a Biby Gaytan recorrer la playa en el vídeo de la canción “Tan solo una mujer”, cuya letra es de Ricardo Arjona, me aceleraba el ritmo cardíaco, al tiempo que me hacía reflexionar sobre las apariencias y espejismos que suelen estremecer la vida de las estrellas del espectáculo: por un lado, bajo los reflectores despliegan su fulgurante presencia y concitan la admiración colectiva, pero en privado son seres apesadumbrados, carentes de amor y caricias emocionales.











































