jueves, 7 de julio de 2022

SINCERIDAD Y FIRMEZA, LA RAIZ DE TODAS LAS VIRTUDES

Por Joaquín Rivera Larios



La practica de las virtudes demanda dos cualidades indispensables: la sinceridad y la firmeza. La practica de la generosidad, el amor, la humildad, la mansedumbre, no debe ser una expresión de hipocresía, un ejercicio de vanidad, ni actos que revelen debilidad, duda o desconfianza. Hay un frase que dice que la hipocresía es el homenaje que el vicio rinde a la virtud.



Desde luego la virtud debe brotar de un espíritu genuino, puro, integro, no puede ser un juego de apariencias, la sinceridad es la raíz, la base y savia de todas las virtudes, de lo contrario los actos humanos, aunque en apariencia sean nobles, se corrompen. La rectitud, sinceridad, buen corazón, son producidas por la mente humana, no se pueden comprar y se cultivan mediante la instrucción y la vivencia valórica.



Uno de los rasgos que caracterizan el carácter humano, es la duda, el doble o el triple ánimo, los cambios abruptos de actitud. Se ubican en una posición luego en otra según varían o fluctúan las aguas de la conveniencia; y la virtud requiere decisión y firmeza.

No se puede vacilar a la hora de rechazar una propuesta indecente, o ilícita. Los valores deben ser la brújula, hay que saber decir “No”. No hay que prestarnos a acciones denigrantes para poder sobrevivir.





La firmeza es un requisito que precede a la practica de la virtud, Winston Churchill, el Primer Ministro inglés durante la Segunda Guerra Mundial, dijo: “La firmeza es la primera de las cualidades humanas porque es la cualidad que garantiza las otras”.

Las personas veletas, suelen ser oportunistas, despersonalizadas manipulables, se dirigen a donde las lleva el viento, cultivan la hipocresía, carecen de autenticidad. No les interesa atropellar a otros para estar bien o escalar posiciones. Al respecto recuerdo aquel tema que canta Lucero: “Veleta/Ni sabes a donde vas/Ni entiendes lo que es amor/Tu única ley/El palo que te sujeta…”




Es imperativo aprender a descubrir la luz en medio de las tinieblas, aprender a distinguir cuál es la mejor opción de actuación frente a las múltiples encrucijadas y peripecias que se nos presentan en un mundo cada vez más cambiante. Hacer lo correcto requiere no solo fortaleza, sino sobre todo, sabiduría.

Hay que hacer cotidianamente un ejercicio de autoanálisis y autoevaluación de nuestras actitudes y conductas, a fin de cultivar y fortalecer nuestro mundo interior de cara a neutralizar cualquier influencia perniciosa del mundo exterior. Actuar con base en principios y valores, y no al calor de emociones malsanas, requiere ver los efectos de nuestros actos a corto, mediano y largo plazo. El mal que prodigamos a otros retorna a nosotros con más fuerza destructiva.





“Mejor es dominarse a sí mismo, que conquistar una ciudad”, rezan las sagradas escrituras en Proverbios 16: 15. Existe en la humanidad una inclinación ancestral hacia el mal, batallar porque prevalezca el bien es nadar contra corriente. La vida es literalmente una guerra frente a multiples asechanzas que merodean en nuestro entorno.

Me martilla aquella frase de Friedrich Nietzsche: “Nada más hipócrita que la eliminación de la hipocresía”. Ciertamente, no hay una sola persona virtuosa que pueda ufanarse de ser cien por ciento sincera, es necesario librar esa lucha en el campo de batalla de la mente, para minimizar esta lastre que contamina nuestros actos.





En una sociedad, donde la traición, la mentira y la hipocresía son rutina, no hay que permitir que los malos estímulos nos roben la paz y nos corten las ansias de alzar el vuelo. Hay que ocultar detrás de una sonrisa y de un rostro apacible, las heridas y cicatrices más profundas. El escritor argentino José Ingenieros escribió: “A los hombres fuertes les pasa lo de los barriletes, se elevan cuando es mayor el viento que se opone a su ascenso"





En esta época alicaída en la que emerge la generación de cristal, muchas veces el simple hecho de demostrar solidaridad es un acto mal visto, porque siempre andamos pensando que los demás nos ayudan a cambio de algo, lo cual nos lleva a pensar se ha perdido el sentido de humanidad entre nosotros mismos.

Immanuel Kant sostuvo que el ser humano es un fin en si mismo, no debe ser utilizado como medio. Sin embargo, muchos que dicen Amar a Dios sobre todas las cosas ven como escoria al prójimo, lo instrumentalizan con mezquinos propósitos y su incapacidad de amar los vuelve analfabetas emocionales.

viernes, 17 de junio de 2022

ALVARO TORRES, ARTIFICE Y PROMOTOR DEL ROMANTICISMO

Por Joaquín Rivera Larios

                        


Otras naciones con más tradición en el arte melódico, como México, Argentina, Venezuela, Colombia, Chile, tienen múltiples embajadores artísticos que transmiten la cultura y son referentes de la identidad de sus respectivos países, los salvadoreños solo tenemos un cantautor consolidado a lo largo y ancho de Latinoamérica y de Estados Unidos, donde goza de amplia aceptación con la comunidad hispana. Prueba de su éxito fue el ingresó al Salón de la Fama de los Cantautores Latinoamericanos en octubre de 2015. 
                                                    
     
                                                
No se puede aquilatar el talante artístico de Álvaro Torres, sin sopesar su procedencia de un país que no tiene relevancia en la industria musical a nivel internacional, sus orígenes rodeados de carencias materiales en su natal Concepción Batres (Usulután) junto a su madre, María del Carmen Torres, quien cortaba algodón, sus vivencias en el entonces semiurbano cantón San Luis Mariona, de la populosa ciudad de Mejicanos, de ahí que su ascenso al pináculo de la fama es doblemente meritorio.                                                 

domingo, 5 de junio de 2022

LUCÍA MENDEZ, LA EMPERATRIZ DE LAS TELENOVELAS

 

Por Joaquín Rivera Larios

La transfiguración del rostro de Lucía Méndez, a fuerza de cirugías estéticas, en un esfuerzo por perpetuar la juventud, ha eclipsado una belleza arrolladora y espectacular que dominó la TV, la radio y el cine en México que es y era el Hollywood del espectáculo en Latinoamérica. No obstante, la conmoción que su presencia en los escenarios generó en el espíritu de sus fans en los años setenta y ochenta es una experiencia abrumadora cuyas efectos se prolongan a nuestros días.      

La indiscutible reina de las telenovelas mexicanas, que se catapulto a la fama con la célebre película “El Ministro y yo” (1975), estelarizada por Mario Moreno “Cantinflas”. Qué mozalbete de aquella época no clavó su pupila  en el rostro angelical y el despampanante cuerpo  de “Colorina”, “Vanesa”, “Diana Salazar”, “Marielena”,  varios de los múltiples personajes que protagonizó en la pantalla chica. Si bien su voz es agradable y bien modulada, su capacidad vocal carece de la potencia de otras cantantes, sin embargo, popularizó temas que marcaron época “Culpable o inocente”, “Margarita”, “Mi amor, amor”, “Don corazón”, “Enamorada”, “Atada a nada”, “Corazón de piedra”

                                                                                


En su período de mayor apogeo  los medios de comunicación no eran sobreabundantes como hoy, consecuentemente el catalogo de artistas era sustancialmente menor,  eso probablemente contribuía a que la efervescencia, la exaltación, el morbo  por una actriz o cantante específica fuese más intenso, fascinación que suele agudizarse en la adolescencia, por ello fue una experiencia inolvidable ver a Lucía en los vídeos de sus canciones o en el  programa “Siempre en Domingo”, icónico espacio de Televisa,  que durante 28 años presentó  Raúl Velasco (1969-1998). 

En cada vídeo musical, entrevista o escena de telenovela la estrella literalmente nos atrapaba y nos trasladaba a un mundo de fascinación que lindaba con la alucinación. Fue una diva en el sentido integral de la palabra, combinaba la atracción física con la mental y el efecto en sus admiradores era fulminante. En YouTube, se aprecia un vídeo que es un verdadero “premio a la vista”, ya que reúne en un verdadero ramillete a Adela Noriega que también tuvo gran suceso en las telenovelas y a Lucía, interpretando el tema “Corazón de Fresa”.

                                                                             


                                             

Su estatus de diva asediada por una lluvia de pretendientes  de alto perfil, le pasó factura en la telenovela “Tú o nadie” (1985), prueba de ello fueron las consecuencias de la ruptura de  su romance con el argentino Héctor “Toti”, Maselli, el  manager de José Luis Rodríguez “El Puma”, quien explicó en vídeo que se puede apreciar en YouTube titulado “El Puma Rodríguez confiesa a Lucía Méndez por qué se fue de Tú o Nadie”,  que  Maselli influyó en él para que abandonara la telenovela antes de comenzar la grabación en Acapulco, diciéndole que todo el protagonismo lo llevaba la actriz en el guión,  presumiendo Lucía en su relato que ello fue por el despecho que Maselli sentía hacia ella.                                               

María Félix era tachada de altiva, desdeñosa, soberbia, despreciativa con otras actrices, como Elsa Aguirre y Colomba Domínguez, sin embargo, la actriz que encarnó a Diana Salazar gozó de la venia de “la Doña” según un vídeo de YouTube, bajo el título “Confesiones de Lucía Méndez en Primer Impacto”, aquella la aleccionó que no fuera fresa, que tenía que ser un poquito más astuta, quería que tuviera un hijo con su único vástago, Enrique Alvarez Félix, con quien Lucía actuó en la telenovela “Colorina” (1980).

Al navegar en la red para rastrear las conexiones de Lucía Méndez con El Salvador, lo más próximo que encontré fue su presentación en la Teletón 2003 que tuvo lugar en el anfiteatro del Centro de Ferias y Convenciones (CIFCO) el viernes treinta y uno de enero  y  el sábado uno de febrero de ese año, donde alternó en la franja estelar con una pléyade de artistas internacionales, entre ellos Alexandra (ex Sentidos Opuestos), Alejandra Guzmán, Vilma Palma, Amanda Miguel,  Diego Verdaguer, Francisco Céspedes, contándose con la animación de Adal Ramones.     

                             


Eleonor Roosevelt, ex primera dama estadounidense,  dijo: “Las mujeres hermosas, son accidentes de la naturaleza, pero las ancianas hermosas son obras de arte”.   Sin hacer a un lado, la gratitud hacia Lucía por tantos momentos luminosos que me obsequio en la adolescencia, quizá deba objetársele su obsesión por refugiarse en las cirugías, a fin de negarse a mostrar abiertamente sus arrugas y exhibir con dignidad el proceso de envejecimiento, dado que continúa bajo los reflectores inmersa en sus proyectos artísticos.

                                                                                  


El Príncipe de las Letras Castellanas,  Rubén Darío escribió: “Juventud divino tesoro/que te vas para no volver/cuando quiero llorar no lloro/ y a veces lloro sin querer”. Al escudriñar los recuerdos a través de estas memorias, imágenes y tonadas que rompen la barrera del tiempo, me reencuentro con la juventud pérdida, al evocar una estrella que con su rostro y capacidad histriónica enamoró a las cámaras de  televisión y a toda una generación, de la que honrosamente formo parte,  erigiéndose en un paradigma de belleza, en un modelo ideal de mujer ampliamente deseado y admirado, en un símbolo resplandeciente de una época entrañable.     

                                                                            









martes, 10 de mayo de 2022

BIBY GAYTAN, "LA BARBIE MORENA"

Por Joaquín Rivera Larios

 





Pocas carreras han sido tan ascendentes y fugaces como la de Biby Gaytan que generó una fascinación superlativa a su paso por las bandas “Timbiriche”, “Muñecos de papel”, o bien cuando actuó como solista. La cámara se rindió a sus pies en novelas como “Baila conmigo”, “Más que alcanzar una estrella” y “Dos mujeres, un camino”. Basta que agitara los brazos, se desplazara de manera sensual sobre la playa, la piscina o el escenario, desplegara su cuerpo escultural sobre un aposento o diera un pasito de baile para que los espectadores entraran en shock y la ovacionaran.                                                         

                                                                 

   

Desde cualquier ángulo o pose que se le contemplara, Biby cautivaba. Tenía la gracia, el porte, la magia, la femineidad, el carisma, la sonrisa, la hirviente sensualidad, que la elevaron a la categoría de la Barbie morena, por sus peculiares y esplendentes rasgos físicos. La huella del ballet clásico se advertía en la prestancia, en sus fluidos y gráciles movimientos. Nada que ver con los prototipos más convencionales de bellezas anglosajonas que usualmente nos cautivan.
                                                                    


                                                                            
Nacida en Tapachula,  el 27 de enero de 1972, el talento artístico con el que cautivo a sus fans hasta el delirio tiene raíces genéticas, al tiempo que se pulió y acrecentó en el ambiente familiar: es hija de la maestra de ballet clásico Silvia "Bibi" Barragán y del arquitecto Daniel Gaytán. Tiene cuatro hermanos que han figurado en el ambiente artístico, entre ellos, Gonzalo "Chacho" Gaytán, quien formó parte de los grupos musicales Gravedad Cero y de Sentidos Opuestos y hoy en día es uno de los compositores musicales más importantes de México;  Daniel "Mano" Gaytán, quien también fue parte de Gravedad Cero y el exitoso grupo Timbiriche

                                                                                        

A principios de los años 90 se puso de moda entre los poetas jóvenes de México escribir odas a las actrices del momento. En una ocasión, le preguntaron a Bibi Gaytán, objeto de más de una obra, quién era el poeta mexicano al que ella más admiraba. Ella respondió: Carlos Monsiváis. Aunque Monsiváis (1938-2010)  no fue poeta, fue cronista y ensayista, prefirió la prosa para retratar la cultura mexicana, con mucho sentido de humor e ironía.  


Huberto Batis narra en el articulo titulado “Sábado, el destape erótico” que   Biby Gaytán causó sensación entre los escritores. Por su causa vimos un fenómeno pocas veces visto: los poetas empezaron a dedicarle poemas a una estrella de la farándula. Relata  lo que hizo el poeta tapatío Jorge Esquinca cuando llegó al aeropuerto de Villahermosa de Tabasco, se bajó del avión y lo primero que hizo fue besar el suelo, como hizo el papa Juan Pablo II en su primera visita a México. Le preguntaron si era muy católico y Esquinca respondió: “No, es que aquí nació Biby Gaitán”.





El proceso de formación y preparación que requiere una artista es arduo.  Cuando estaba en las Ciudad de México en unas vacaciones visitando a sus hermanos que vivían ahí, fue a unas audiciones junto a 30 jovencitas. Quedó entre las 15 finalistas, luego las 3 últimas finalistas y cuenta la leyenda que Diego Schoening influyó para que fuera la elegida, quien rápidamente se convirtió en su novio. 





Fue así como  Biby  con solo 17 años se enroló en el famoso grupo Timbiriche, en febrero de 1989, en lugar de Alix Bauer. Con su imagen sensual, mirada penetrante, su voz firme y agradable revolucionó la banda.
  

                     

En Timbiriche compartió vestuarios, cámaras, reflectores, estudios de grabación y escenarios, con una pléyade de talentos artísticos que luego labrarían como solistas su propia senda de éxitos, de la talla de Thalía, Paulina Rubio,  Diego Schoening,  Edith Marquez, Erick Rubin (sobrino de la compositora Amparo Rubin), Eduardo Capetillo, con quien Biby Gaytan años más tarde protagonizaría un mediático idilio.   





Ciertamente, en 1994 con solo 22 años, en una decisión que dejo helados a su fans, Biby  abandonó el trono que le correspondía como la estrella más brillante de su generación, se retiró de los reflectores, apagó su luz y se encerró en un hogar que formó con el actor Eduardo Capetillo, amor explosivo que se cristalizó cuando ambos protagonizaron la telenovela "Baila conmigo"(1992). El desenlace fue una fastuosa boda transmitida por televisión que tuvo lugar el 24 de junio de 1994   


  




La única vez que Biby Gaytán paseó su curvilínea estampa en un escenario salvadoreño fue el 8 de diciembre de 1992, con motivo de la primera presentación de "Siempre en Domingo" en El Salvador, que tuvo lugar en el CIFCO, ocasión que hizo las delicias del público con dos temas que sonaron fuerte “Mucha mujer para ti” y “No me importa”. Para ella la sensualidad era una cuestión de actitud, no de maquillaje, peinados ni de ropa provocativa y esa concepción la proyectaba al contonear su esbelta silueta sobre la tarima, mientras el público absorto la observaba. 
                                                                    

                  

 
                            

Escudriñando en la red alguna otra conexión de la “Barbie morena” con nuestro terruño, me encuentro con un vídeo en YouTube titulado “Biby Gaytan en El Salvador” que data del 2011 relativo a una imitación de Biby que escenifica la modelo y conductora salvadoreña Celina Chanta en un programa matutino de variedades de Canal 12. Y las criticas que fluyen en la red en su mayoría son ácidas hacia Celina, y es que no es fácil calcar la peculiar capacidad de hacer suya una tonada, de inyectarle sentimiento y emotividad a la interpretación, es muy fatigoso  replicar  esa milagrosa habilidad de conectar con el público, hasta llevarlo al éxtasis, exclusiva de artistas ungidos.
                                                            
                                                

Siendo todavía un mozalbete, ver a Biby Gaytan recorrer la playa en el vídeo de la canción “Tan solo una mujer”, cuya letra es de Ricardo Arjona, me aceleraba el ritmo cardíaco, al tiempo que me hacía reflexionar sobre las apariencias y espejismos que suelen estremecer la vida de las estrellas del espectáculo: por un lado, bajo los reflectores despliegan su fulgurante presencia y concitan la admiración colectiva, pero en privado son seres apesadumbrados, carentes de amor y caricias emocionales.















sábado, 16 de abril de 2022

SOPLOS DE MADUREZ

Por Joaquín Rivera Larios
 
                                                       

                                                  
La vida es un fluir perenne, en la que lo único constante es el cambio. Nos va colocando en escenarios diferentes donde la capacidad de adaptación se impone. Resistirse a cambios inevitables nos hace sufrir más. Debemos procurar que el cambio sea nuestro aliado y no nuestro enemigo.

La adaptación a circunstancias variables supone versatilidad, tolerancia y respeto a la diversidad, los seres humanos no somos lo que debemos ser, sino lo que podemos ser. Todos nos hemos formado bajo circunstancias diferentes (hogar, escuela, iglesia, comunidad, cultura, etc.), y eso genera naturales dificultades de entendimiento que debemos asumir como realidades.

La dinámica de la existencia es acelerada y estresa, la violencia impregna todos los espacios y relaciones, conservar la cordura y la sensatez, cada vez es más difícil, pero debemos hacer un esfuerzo para gobernar nuestras emociones sin desbordarnos, aunque los estímulos sean tan fuertes que pareciera que no dan otra opción.

Debemos amar con intensidad y sin reservas, pero saber decir adiós cuando la relación es insostenible. Hay que tener una elasticidad espiritual, para amar sin ser posesivos y ser desprendidos cuando la relación ya no es viable. Debemos interiorizar que la ley es dar para recibir. Y no esperar gratitud de las personas, porque hay una ley de compensación que opera inexorablemente.

Recorrer la senda  de la excelencia y el éxito conlleva ineludiblemente la comisión de errores que deben ser bien interiorizados y capitalizados. No debemos temer al fracaso, solo a no aprender. Toda situación adversa nos da una oportunidad de aprendizaje y perfeccionamiento. El entusiasmo y la buena vibra son los hilos conductores del éxito. Debemos explotar nuestras potencialidades, sin desconocer nuestras limitaciones.

Los vínculos afectivos con el sexo complementario, son claves para nuestra estabilidad emocional. Deben ser una fuente inspiración para crecer y desarrollarnos y no una obsesión que nos deprima. Debemos procurar que las relaciones de pareja nos transmitan fuerza, no que nos la quiten.

Hay que trabajar la autoestima y el amor propio sano, solo el que no hace nada no es criticado. Una crítica injusta es un elogio disfrazado. El sendero de la superación está llena de piedras de tropiezo, cuanto más avancemos más ataques sufriremos.

El sentido de humor debe ser un compañero en nuestro trajinar, para mitigar las penas, aminorar la neurosis y resolver envenados problemas. Es imperativo no tomarnos muy en serio y  aprender a reirnos incluso de nuestros propios defectos.  Lo que no significa andar salpicando a los demás con sarcasmos, burlas o ironías. 

En medio de tanto ninguneo y tanta maledicencia, confórmate con tu conciencia tranquila de haber obrado bien. Conténtate con el regocijo interior que genera cumplir con el deber, no esperes aplausos, ni reniegues del anonimato. Busca la felicidad en el fondo de tu alma.  Disfruta de las cosas sencillas y de los bienes que te obsequia la naturaleza. La vida es a pesar de todo, un milagro y un espectáculo.   

Debemos hacer un plan para desactivar los obstáculos que se oponen a la consecución de nuestras metas y propósitos. Hay que construir una visión clara fundada en valores. La autocrítica y la auto evaluación deben ser ejercicios constantes.

viernes, 8 de abril de 2022

RACIONALIZAR EL AMOR

 Por Joaquín Rivera Larios


El trovador mexicano Nicho Hinojosa canta con todo sentimiento “Así son ellas”: “No hay que comprenderlas, solamente amarlas…” Circula por doquier aquella frase de Blaise Pascal: “El corazón tiene razones que la razón no entiende”

Hay quienes piensan que si te pones a filosofar, a buscarle la "lógica" al romanticismo o encuadrar un sentimiento como si fuera conocimiento, entonces deja un poco de ser amor para volverse reflexión. Parafraseando a Jacinto Benavente amar cuerdamente es no haber amado nunca.


Parece una tarea infructuosa amarrar la pasión, el sentimiento al entendimiento, a la inteligencia, para que la fuerza emotiva se canalice por cauces racionales. Al parecer así piensa la famosa cantante Shakira: “El amor y la razón son dos viajeros que nunca habitan juntos en el mismo albergue: cuando uno llega, el otro se va”.

Algunos consideran que cuando encontramos el amor, encontramos la razón, porque aquél le da sentido a la vida, nos proporciona un motivo, un propósito para luchar, sacrificarse, trabajar por esparcir dicha sobre el ser que nos cautiva.

                            


Entre los diversos conceptos y criterios sobre el amor que los teóricos han formulado, me llama la atención uno que combina la racionalidad, la voluntad y el humanitarismo y es justamente el que menciona en la red el sacerdote Guillermo Oviedo Gambetta: "Capacidad constante de desear el bien conveniente a la persona amada, aunque se sufra y no se note".  

                                                

Eduardo Galeano sostuvo que le gustaba la gente sentipensante, que piensa y siente a la vez, sin separar la cabeza del cuerpo, ni divorciar la emoción de la razón. Y en internet sale un meme que simula un pequeño manual de miles de páginas denominado “Cómo entender a las mujeres”.

                                    


La canción “Cada cosa en su lugar”, entonada por Guillermo Dávila en los ochenta, pone en el tapete de discusión esta dicotomía de razón vrs. emoción: “Por qué no esperas un momento/busquemos la razón/Por lo qué hoy tan solo hay dudas/en lugar de nuestro amor/tratemos de poner cada cosa en su lugar…” Alguien escribía en la red que el amor es un deporte extremo de alto riesgo. Y en efecto en un sentimiento que nos coloca en una situación equidistante del gozo y del dolor.

                                                


    

Como se advierte, se ha creído errónea y peligrosamente que el amor no hay entenderlo, solo sentirlo y disfrutarlo, y son justamente las creencias que tenemos sobre el amor las que nos generan sufrimiento, aquellas que indican que este sentimiento todo lo sufre, todo lo suporta, al no poder desprendernos o desligarnos cuando las otra persona no nos quiere bien.

                                    


    

Erich Fromm despoja al amor de sentimentalismos y de enfoques emotivos, para verlo como un arte que hay que cultivar, que demanda paciencia, concentración, fe, disciplina y hacer a un  lado el narcisismo. Sostiene que es una práctica, no un sentimiento.



No hay que perder la fe en el amor, aunque muchas veces, hallamos resultado mortificados en su búsqueda. No perdamos el optimismo que encontraremos ese ser complementario que sea capaz de iluminar nuestra existencia,  sin caer en esperas ilusas de amores utópicos, como relata   la historia de la Loca en el Muelle de San Blas, que inmortalizara el grupo Mana, en su famosa canción. 




       

En efecto, a veces emprendemos luchas infructuosas para revertir realidades irreversibles, como querer reconquistar al ser amado, desarticulamos o descuidamos nuestros proyectos de vida en un intento de complacer a quien no nos corresponde, o nos sumergimos en estados de depresión prolongados. Estas actitudes nos pueden llevar a empantanarnos en una relación tóxica, de la que saldremos más lastimados. No aceptes una cruz, si puedes elegir otro destino.



El sufrimiento que puede ser útil y fecundo es aquel que genera progreso interior, aquel que tiene un sentido trascendente, cuando el sufrimiento nos ayuda a encontrar un significado a nuestras vidas. Pero el dolor que genera el desamor puede ser caldo de cultivo para emociones como la ira, venganza, impotencia, tristeza, desesperación, devastación, incredulidad, negación, baja autoestima, delirios, alucinaciones que pueden malograr nuestra existencia.



Debemos focalizar todas nuestras fuerzas en construir amores racionales que sublimen los talentos del ser amado y se encaminen hacia una comunión en todos los aspectos con éste, buscando el bienestar integral de nuestra pareja. Si no se logra esto no hay amor. Puede haber pasión y ésta casi siempre está vinculada a la obsesión y ello puede en muchos casos distorsionar el sentimiento amoroso.