viernes, 9 de agosto de 2019

MARÍA FELIX, LA DIVA CON CARÁCTER INDOMABLE

Por Joaquín Rivera Larios



Me gusta la presencia, la arrogancia, la altivez de María Félix, la máxima diva del cine mexicano, cómo se inventó a sí misma, cómo construyó un personaje que enamoró, cautivó a muchas generaciones. Me fascinan sus sabias palabras sobre el rol de una actriz: “A una actriz no se le investiga, se le inventa, porque una actriz es ilusión”.

La grandeza es ilusión, nadie llega a una cima, si no lo sueña intensamente, dormido y despierto, nadie llega a ser campeón, si no abraza la ilusión de serlo. Félix era una maniática del esplendor, una mujer que creó su propio clima, su propia atmósfera. Todos debemos crear y reforzar una buena personalidad, y enriquecer con nuestra individualidad el entorno. 





María decía que no le fascinaba la cercanía con el poder político o económico, sino que lo que más le fascinaba era la aristocracia del talento, y reconocía los aristócratas del talento, por sus obras (sus libros, sus cuadros, su música), añadió que el talento deslumbra, y que se pega. Siempre he creído que el arte no remunera, pero es increíble la capacidad de un artista para tocar los sentimientos, para elevar los ideales, para despertar nobles sentimientos.

Dejó instalada en la mente de sus admiradores, la imagen de mujer fuerte, indomable, cruel, implacable, que protagonizó filmes como “Enamorada” (1946), “La Diosa arrodillada” (1947), “Doña Diabla” (1949), y “la Generala”(1970), y que se daba el gusto de pisotear a placer el machismo mexicano de su época, quizá más acentuado que el actual.




Personificó como nadie a “la mujer fatal a la mexicana”. Desde “doña Bárbara” (la devoradora de hombres) que encarnó en un film de 1943, representó a la “súper hembra" bellísima, aplastante, seductora, que emplea sus atributos para desquiciar a los hombres, manipularlos y despreciarlos… De ahí que sin duda su recia personalidad, ha servido para apuntalar reivindicaciones feministas.



                                       

 
                
Además de rodear su figura de un halo de misterio (ocultó celosamente su edad), le imprimió a su personaje cuerpo, carácter, pasado y volumen psicológico y conductual, observando cierta coherencia entre las acciones y reacciones de su personaje de femme fatale (mujer fatal) y su vida privada. Fue tan grande el mito que construyó en vida, que Octavio Paz, Premio Nobel de Literatura 1990, escribió sobre ella: "María Félix nació dos veces: sus padres la engendraron y ella, después, se inventó a sí misma… la gran creación de María Félix es ella misma".




Una mujer que no quiso sumarse a sus compatriotas Lupe Velez, Katy Jurado y Dolores del Río que brillaron en la Meca del Séptimo Arte, al punto se dio el lujo de rechazar a Hollywood, argumentando que “siempre me ofrecían papeles de campesina india y yo no nací para llevar canastas”. Prefirió armar maletas e irse a hacer cine a Europa.

Me cautivó el dominio de sí misma que proyectaba Félix, el control que mostraba tener de las situaciones. En una entrevista televisiva que los hombres que tuvo los escogió ella, y que nunca le dijeron no, y que ella tuvo siempre la iniciativa en el juego de la seducción. Carlos Monsiváis decía que los papeles se las adaptaban a su temperamento. Su recio carácter y la seguridad en sí misma eran asombrosos, a grado tal que se le llamó “Mujer con corazón de hombre”.



La belleza y la sabiduría la confieren a la mujer un doble poder, es más, la sabiduría combinada con la hermosura, se vuelven irresistibles. María Félix, utilizó la sabiduría para construir su mito y edificar su firme personalidad, al punto que sostuvo en una entrevista: “A base de tontería no se puede mantener un lugar. Yo tengo cincuenta años en el mismo. Si fuera tonta no hubiera durado a pesar de la hermosura. Así lo creo. La imbecilidad no lleva a ningún lado”.





                                        

Es indudable que el ramillete de frases que nos legó María Félix nos ilumina al momento de tomar posición sobre algunos temas, especialmente sobre las escabrosas relaciones de pareja. La Doña dijo: “Para vivir con un hombre necesito verlo como un gigante. No me preocupa si lo es para los demás, lo importante es que lo sea para mí”. Y sobre el amor dictó una severa máxima: “La manera de amar a alguien es aceptarlo tal como es, es lo que yo hago con Antoine, no es fácil pero solo amar a los pendejos es fácil”.




Asocié inmediatamente las dos máximas que anteceden, al ver “Jobs” la película (2013), protagonizada por Ashton Kutcher, que retrata la vida el genio de la computación, Steve Jobs, fundador de Apple, y percibir la enorme hostilidad que ejerció contra su novia de secundaria, Cris-Ann Brenan (Ahana O’Relly), cuando ésta salió embarazada, incluso llego a desconocer por un tiempo el fruto de esa relación. Me pregunto sobre lo difícil que es amar y comprender a un gurú en cualquier rama de actividad, dado que su intelecto ve y vuela mucho más allá de lo que pueden imaginar quienes le rodean.

                                                

    
                                            

La originalidad es importante, ser único es imprescindible, especialmente en el ejercicio de cualquier expresión artística. Al respecto me fascina una frase de María que revela su arrolladora y peculiar personalidad: “Sabemos que una mujer original no es aquella que no imita a nadie, sino aquella a la que nadie puede imitar. Ser inimitable, no te quepa duda, es una cuestión de imaginación, nada más”.









El Salvador no estuvo exento de la adoración que recibía la diva mexicana por doquier. La Prensa Gráfica del domingo 31 de agosto de 1952 dio cuenta del alboroto que ocasionó un día antes el descenso en el Aeropuerto de Ilopango del avión que trasladaba a María Félix, procedente de Buenos Aires, con destino a la Ciudad de México. Según la nota, mientras el avión era revisado,  Félix tuvo que ser llevada a una sala especial de migración, porque un remolino de fanáticos la quería tocar. La actriz viajaba con su joven hijo, Enrique Álvarez Félix; y tres secretarias: Julia Aleu, Esperanza Gómez e Isabel Barrera. Era la primera -y última- vez que se le vio pasar por acá, entre Apulo y el cerro de San Jacinto.






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