domingo, 2 de junio de 2019

EL CULTO A PERSONAJES CONTROVERSIALES



Por Joaquín Rivera Larios

El primer acto relevante mediáticamente del gobierno del presidente Nayib Armando Bukele, fue ordenar a la Fuerza Armada que se le suprima el nombre del teniente coronel Domingo Monterrosa Barrios a la Tercera Brigada de Infantería, oficial culpado como el responsable de la Masacre de El Mozote. Y de inmediato se escuchan voces atacando al FMLN, porque en diez años no lo hizo.

Es curioso, pero la bella ex Miss El Salvador, expresentadora de TV y entonces diputada de ARENA, Milena Mayorga, que se ha mostrado en los medios afín a Nayib Bukele fue atacada en las redes por rendir tributo a la memoria de Monterrosa en agosto de 2018: “Existen personas que nunca mueren, pues se convierten en mitos y leyendas. Hoy se celebra el natalicio del Coronel Domingo Monterrosa”, escribió la diputada tricolor en su cuenta de Twitter. La frase fue acompañada con una imagen del militar quien comandó el Batallón Atlacatl.

                                    




El 7 de mayo de 2017, con motivo del Día del Soldado, cuando la elegante expresentadora aun no era diputada, divulgó: “recordando a un héroe que dio su vida por la Patria. Coronel Domingo Monterrosa siempre al frente de la batalla”, publicación que desató varias reacciones. Para muestra un botón, esto demuestra que el coronel Monterrosa tiene seguidores en la sociedad civil.
                                            


Aunque la gran mayoría de oficiales de alta ingresaron a la Fuerza Armada después de los Acuerdos de Paz, aún existen muchos coroneles y clases que sí participaron en el último lustro de la guerra. Y muchos oficiales retirados dan clases en distintas escuelas de la institución armada. Es decir que la gran mayoría de militares en servicio activo se formaron en la posguerra, pero tienen en su conciencia  visiones y percepciones que vienen de la guerra por influencia de sus superiores, la vox populi, por ser descendientes de oficiales y clases, entre otras razones.
                                        


Tengo la impresión que en el quinquenio de gobierno de Salvador  Sánchez Cerén, fue una ofensa para algunos jóvenes cadetes recibir el sable de subteniente de un comandante que perteneció a un bando que fue enemigo de la institución castrense. De esta perspectiva fue inteligente y prudente que los gobiernos del FMLN no suprimieran el nombre del coronel Monterrosa de la guarnición militar, porque de hacerlo hubiesen avivado rencillas.

Cuando he hablado con oficiales sobre sus héroes modernos, regularmente me citan tres: el general Maximiliano Hernández Martínez, el coronel Oscar Osorio y Domingo Monterrosa Barrios. Este último es el héroe por excelencia de la guerra civil. Muchos no saben, pero la última vez que el gran responsable de la masacre de 1932, el general Martínez visitó el país en julio de 1955, recibió homenajes del gobierno de Oscar Osorio, incluso éste fue a despedirlo al Aeropuerto de Ilopango cuando se marchó.
                                                        


Al respecto comparto la opinión de muchos salvadoreños, que los monumentos dedicados a líderes guerrilleros, militares, deberían ser dedicados a filántropos, deportistas, escritores, músicos (me gustaría ver una estatua de Chirajito, Alvaro Torres, Mágico González, Aniceto Porsisoca), siento que un líder militar o guerrillero, fogueado al calor del combate, por bueno que haya sido, es culpable de muchos crímenes. Son figuras que polarizan, dividen e impiden la reconciliación de la sociedad.




Pero cómo reprogramar la mente de mucha gente que idolatra a Shafick Handal (1930-2006), a Roberto d’Aubuisson (1944-1992), a Domingo Monterrosa Barrios (1940-1984), hasta a Salvador Cayetano Carpio (1918-1983) y Mélida Anaya Montes (1929-1983). Aunque se promulgue un decreto de ley que prohíba rendirles homenaje, mucha gente les va a seguir guardando reverencia. Es un tema de psicología social que no se puede resolver de un plumazo.

                                                

Quizá no sea casual que Domingo Monterrosa, Sigifrido Ochoa Pérez (a quien se le vincula en la masacre de Santa Cruz, Sensuntepeque, Cabañas, ocurrida en noviembre de 1981) y Roberto d'Aubuisson hayan egresado en la XXXIII promoción de la Escuela Militar Gerardo Barrios el 12 de noviembre de 1963.

Cuando laboré en la Fiscalía General de la República, había un compañero de apellido Magaña, que le decían "el Menor", porque cuando murió el mayor d’Aubuisson, lloraba amargamente. Su pena fue objeto de comentarios jocosos. Cuando conversé con él al respecto, me dijo: “Estos c...no saben la magnitud del hombre que ha muerto, fue el hombre que salvó al país, el que sacó a los ricos que estaban temblando debajo de la cama... el que hizo que los ricos volvieran a creer en El Salvador...el que salvaguardó el sistema de libertades, frente a la agresión comunista...”

                                                

En 2004 apareció publicada en serie la investigación “Mayor Roberto d’Aubuisson. El rostro más allá del mito” (La Prensa Gráfica), bajo la autoría de Giovani Galeas, ex militante del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), a quien se acusó de quererle limpiar la cara al fundador de ARENA, pretendiendo distorsionar la historia y convertir a un héroe de la derecha en un héroe mítico nacional, a partir de opiniones recolectadas con aviesas intenciones. Y con ello se pasaba por alto o se ponía en tela de duda que su anticomunismo lo llevó a abrazar prácticas indignas que legitimaban el dolor e inclusive la muerte de otros seres humanos.
                                                    
                                                


Y en esa línea de reprobación a la referida figura histórica, el Faro.net publicó opiniones inéditas del padre Ignacio Ellacuría (1930-1989), que forman parte de recientes hallazgos, en los que calificaba al Mayor de ser un “Hitler de bolsillo”. En los escritos descubiertos se encontró un calificativo aun más contundente: “El menor D’Aubuisson es un psicópata. Y como psicópata amenazó ayer derramar la sangre ajena para salvar al país”.

                      

Aunque el informe de la Comisión de la Verdad señala al Mayor Roberto d’Aubuisson, como autor intelectual de la muerte de Monseñor Oscar A. Romero, un artículo publicado en El Diario de Hoy del 24 de noviembre de 1999, señalo que toda la inteligencia de la Embajada Americana, sumada a la poderosa maquinaria policial, judicial y militar del gobierno de Napoleón Duarte, no pudo jamás producir documentos, testigos o evidencia alguna que sustanciaran las acusaciones que se le formulaban.  
     


Por otro lado, cabe traer a cuenta al  teniente coronel Domingo Monterrosa Barrios, Comandante del temible Batallón Atlacalt, un personaje que simultáneamente presenta un lado luminoso de líder icónico, guerrero aguerrido, benefactor, padre espiritual para sus subalternos y un lado tenebrosamente oscuro por haber estado involucrado en la peor masacre de la guerra civil salvadoreña (la masacre del Mozote), que dejó una terrible estela de 950 personas muertas. De éstas 511 eran del sexo masculino y 430 del sexo femenino. Un total de 257 víctimas eran niños (134 niños y 123 niñas).   

                       
               

 
                                          
En la red encontré un artículo titulado “Liderazgo Militar: Lecciones del TCnel. Domingo Monterrosa Barrios” y me parece apropiado citar algunos atributos que se trazan sobre su conducción: trabajaba el aspecto espiritual de sus subordinados, potenciaba la capacidad técnica, elevaba la moral combativa, mediante diversos estímulos (fiestas, celebraciones), celebraba las victorias en espíritu de camaradería. Daba el ejemplo. Pasaba la mayor parte del tiempo al lado de sus unidades durante operaciones militares que usualmente oscilaban entre 15 y 40 días.




Se puntualiza que Domingo Monterrosa predicó al máximo un principio fundamental al momento de comandar unidades militares: promovía la presencia de guías espirituales para todas aquellas actividades desarrolladas en las instalaciones militares (misas, bautizos, bodas). Dedicaba el tiempo necesario para explicar a sus subordinados la causa de la lucha. Su guía siempre fue la misión de la Fuerza Armada, sustraída de la Constitución de la República de El Salvador.

                                                  

 
                    
Reseña la nota que se preocupaba por la salud y las necesidades de sus subalternos. Lo que a éstos les impactó fueron las constantes visitas que él hiciera a los heridos en el Hospital Militar, actividades que eran amenizadas por mariachis y cómicos, quienes brindaban un momento de alegría y distracción a los heridos en recuperación.




El mayo de 2012 conocí en Guatemala a un oficial de la Fuerza Naval chilena y me contó que él se puso su uniforme de gala, para ir a rendirle tributo al general Augusto Pinochet Ugarte, cuando murió, pese a que la presidenta Michel Bachelet, había prohíbido todo homenaje. Me dijo: “No me importaba que me dieran de baja, pero yo no podía faltar al funeral”. Cuenta este oficial que cuando llegó a Francia le dijeron:  "Necesitamos un Pinochet que salve Francia”.

                              

Me imagino que un cuarenta por ciento de la población chilena, ve a Pinochet como “el salvador” del país. Lo grave de esto es que se ignoran las víctimas (muertos, desaparecidos, torturados, encarcelados) de estos regímenes dictatoriales: el primero que recuerdo es el cantante folklorista, Victor Jara. Idolatrar a un caudillo de este tipo, es una afrenta a las víctimas, aunque hayan llevado a su patria progreso económico, social, tecnológico.

                                            


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