lunes, 1 de enero de 2024

CELEBRANDO LA VIDA DE UN SIERVO INCLAUDICABLE DE DIOS

Por Joaquín Rivera Larios 

El 1 de enero de 1977 en el Hospital San Rafael de  Santa Tecla, antes Nueva San Salvador, departamento de la Libertad,  a las cuatro de la tarde tuvo lugar el natalicio del pastor Misael Santamaría, un siervo inclaudicable de Dios, que al lado de su esposa Rosa Jacqueline  de Santamaría, originaria de  Cojutepeque,   y sus hijos Elías y Josué, bregan cada día por llevar almas al altar de Dios, protegiendo, orientando, consolando,  inspirando a su congregación, sin escatimar sacrificios personales, familiares y profesionales.          

                                      


         

Me conmueve la entrega total en cada culto, el nivel de emotividad, de energía que despliega en cada servicio y su  disposición permanente al estudio de las Sagradas Escrituras. Es un siervo que con mucho discernimiento y avidez se sumerge en la palabra, se zambulle en ella, para extraer los tesoros que anidan en la sabiduría divina expresada en sus textos revelados, al punto de culminar el 18 de diciembre de 2023 sus estudios formales de teología.

La asunción de su rol pastoral en septiembre de 2014 no estuvo exenta de obstáculos. Tuvo que encauzar la iglesia por la senda de la disciplina y el progreso espiritual, en medio de desavenencias que conllevaron el retiro de miembros que no estuvieron de acuerdo con  el nuevo orden, produciéndose una renovación de la congregación. No fue fácil resistir los embates que derivaron del cambio de liderazgo, pero siendo alguien íntegro, que cumple con el mandato de 1 Timoteo 3:1-7, pudo llevar la Iglesia por buen puerto.   

                                         



Cuando veo la seriedad y el respeto  con que el pastor Misael Santamaría aborda el pulpito,  asocio que allí en ese lugar sagrado se forja la grandeza de una nación que debe estar cimentada en la fe y obediencia a Dios, siguiendo lo que dijo  el jurista y político francés Alexis Tocqueville:  “Hasta que no vaya a las iglesias de EE. UU. y escuche sus pulpitos hablar, jamás podré comprender la grandeza de los EE.UU”.

                                                    


El escritor y cineasta chileno Alejandro Jodorowsky, dijo: “A veces para llegar a conocerse a uno mismo, es necesario recorrer un laberinto parientes”.  Ciertamente,  yo creo que siempre para conocer a una persona, hay que saber cómo son o eran sus padres, abuelos, hermanos, maestros, personas que han influido en ella, escuelas donde ha estudiado, de lo contrario no podemos armar el rompecabezas de una existencia. Hay fuerzas ancestrales para bien o para mal, que guían los pasos de los seres humanos.

                                        


La infancia y la adolescencia del pastor Misael Santamaría, fueron cuesta arriba, más espinas que rosas en su trajinar. Es alguien que se ha forjado en la cultura del esfuerzo, no del privilegio. Su padre era ingeniero agrónomo, su madre ama de casa, que posteriormente contraería nupcias con un pastor, y juntos fundaron una gran iglesia. Ambos progenitores duermen en los brazos del Señor.  

                                        




El niño Misael  crecería bajo el abrigo de su abuela y una hermana, enfrentando las carencias típicas de quienes crecen alejados de sus padres. Ese cuadro de carencias sería el desierto que templaría el carácter del futuro pastor para las batallas que después libraría dotado de las armas de la luz, a afecto de liderar la vida espiritual de su familia y de su congregación frente a las múltiples asechanzas que enuncia el Salmo 91.       

                                            


A veces suelto una sonora carcajada a medio culto por las ocurrencias del pastor Santamaria cuando intercala en su predicas dichos añejos que decía su abuela, frases jocosas o  expresiones de canciones de la música popular, para ejemplificar en sus enseñanzas pasajes de la vida, como cuando cita “La Cuchupa”, “A escondidas como un cobarde”, “Culpable soy yo”. También intercala sus predicas con mensajes de alabanzas con alto contenido espiritual, como “Cuan grande es él”.

                                                



Para ser un buen pastor, primero hay que ser un buen sacerdote en su propia casa, hay que lograr conectar con a la familia con Dios .  En efecto,  el pastor debe evidenciar que tanto el Jefe del hogar como su esposa y sus hijos han subordinado sus vidas a la voluntad de Dios. Es una cualidad que la familia pastoral de la Iglesia ”Jesucristo rompe las cadenas” ha demostrado con creces,   cuando sus cuatro integrantes sirve y alaban al Creador con la misma devoción.

                                                                


Algo que admiro y aplaudo, mientras celebramos el natalicio y la vida del Pastor Misael Santamaría fue el protagonismo que tuvieron los niños y niñas en el acto, cómo se comportaron y participaron ejemplificando su rol de ovejas. Es de capital importancia apuntalar la iglesia infantil, porque allí está el semillero de los futuros profetas, evangelistas, pastores y maestros que extenderán el reino de Dios sobre la faz de la tierra.

                                            

Dos números del programa de la celebración pusieron en evidencia las grandes dificultades que enfrenta un pastor para desarrollar su complejo ministerio:  un vídeo que retrata las largas jornadas de 
trabajo, de oración, los sacrificios familiares, los actos de deslealtad, de incomprensión, que los pastores suelen enfrentar; así como el cantico  “Camino Angosto” de Roberto Orellana que entonó  el Ministerio de Alabanza: “Elegiste un camino angosto para andar/ y pensabas que a tu pasos rosas ibas a encontrar…./  Difícil es, cansado estás/ Jesús te sostendrá…/”

                                                    



El hermano Ricardo Landaverde, Diacono de la Iglesia,  en su intervención enunció las múltiples  cualidades que debe tener un pastor: paciencia, benignidad, gozo, buen humor, perseverancia, destacando que a diferencia de otras iglesias, él no había visto enojado a su pastor. Otra hermana enalteció las cualidades del pastor para hacer labores manuales en su Iglesia, que  por cierto luce físicamente  muy cuidada, visibilizándose el esmero de quienes la dirigen.  

                                        



Para cerrar estas líneas quiero traer a cuenta las palabras de Josué Santamaría, de diez años de edad, que ejecuta el teclado al cierre de los cultos a mediados de semana, quien le pidió a su padre que nunca se aparte de los caminos de Dios.  Me sumo a la súplica de Josué y le pido que como buen guerrero de la fe siga llevando la palabra del Señor a tantas almas, como yo,  ávidas de luz y consuelo, que necesitamos guerreros como él  para que podamos vencer con el poder divino el imperio de las tinieblas. ¡Feliz cumpleaños pastor Misael  Santamaría!  


 
                   

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