Por Joaquín Rivera Larios
Corría el año 1985 y uno de mis sueños se había
hecho realidad: enrolarme en el Colegio Bautista de San Salvador, enfundarme la
guayabera blanca y el pantalón café de una institución académica de tan sólido
prestigio. Un colegio, fundado el 4 de febrero de 1924, que transpira tradición y acendrados principios y
valores, con un cuerpo docente muy cualificado, sintonizado con ese sistema de
creencias cristianas. Una institución que ha dado al país durante 100 años
brillantes profesionales y ciudadanos con una ética a toda prueba.
Es increíble, pero en cien años el Colegio Bautista de San Salvador, solo ha tenido siete directores generales, tres estadounidenses (Vivian Saylor, Evalena McCutheon y Robert Fisher) y cuatro salvadoreños (Sara Méndez Gómez, José René Alvarado, Lilian Guatemala García y Gabriela Cordova Moscoso). Esa estabilidad a nivel de dirección que se ha extendido a la plantilla docente ha sido parte de su éxito.
En los años ochenta que yo estudié entre ese respetable cuerpo docente, destacaba con creces Lilian Guatemala García, una maestra con estilo jovial, gran carisma y agraciada presencia, que cariñosamente llamábamos “señorita”. Una docente que combinaba de manera perfecta la autoridad, impartía disciplina y se hacía respetar y paralelamente hacía derroche de generosidad y cariño hacia sus alumnos y alumnas, a quienes dispensaba atención y afabilidad. Su desempeño sobresaliente y empatía con el alumnado la catapultaron para ser Directora del colegio durante dos décadas (1999-2019).
Es un caso especial en el que la persona se funde con la institución, en el que la persona le comunica identidad y estilo a la entidad que representa. Para mí y para muchos de mis compañeras y compañeros, su nombre y su presencia son sinónimos del centro de estudios que digna y merecidamente dirigió, el Colegio Bautista de San Salvador. Pero eso se logra cuando un servidor o servidora se aboca a la tarea con total entrega, cumpliendo su mandato profesional y moral más allá del deber.
Recuerdo con nostalgia, el fervor que desplegó para dar vida al grupo ecológico Cutenampa hacia 1985, siempre que me asocio con el acuciante y desgarrador tópico del medio ambiente, viene a mi memoria el acogedora remembranza de aquella feliz iniciativa, que nos inculcó espírítu de servicio y responsabilidad social. La señora Guatemala nos enseñó que podíamos organizarnos y ser agentes de cambio positivos en una sociedad decadente.
Atendiendo las nobles enseñanzas de mi padre sobre el deber cívico de rendir tributo al mérito donde quiera que se manifieste, enaltezco la vida y obra de Lilian Guatemala García, una Maestra distinguida que ha hecho patria, esparciendo la semilla del conocimiento y la virtud en un terreno altamente fértil: la legión de connotados alumnos y alumnas del Colegio Bautista de San Salvador.
Mi comentario no podria estar mejor descrito por lo que Lilian fue para nosotros
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