jueves, 9 de mayo de 2019

LORENA TORRES: UN LEGADO DE DEDICACIÓN Y EXCELENCIA


Por Joaquín Rivera Larios



El 14 de marzo de 2019 partió sorpresivamente la licenciada Lorena del Carmen  Torres, entonces Jefe del Departamento de Procuración de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH). Nunca me imaginé que cuando se despidió al mediodía del 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer) y la vi salir  de la oficina , sería la última vez que la vería con vida.

Es muy difícil tener que interiorizar la despedida de alguien de nuestra generación, de nuestra camada, con quien compartimos el espacio laboral durante veinticinco años y quien daba a diario ejemplos de entereza, disciplina, responsabilidad, profesionalismo y compromiso con la institución a la que brindó valiosos servicios.

Nacida en el seno de una familia modesta, originaria de Santa Tecla, se formó en planteles educativos públicos:  primaria y secundaria las cursó en la Escuela Luisa de Marillac (1978-1983) en su ciudad natal, Bachillerato lo estudió en el Complejo Educativo Andrés Bello (1987-1989),  estudió Técnico en Programación  el C.I.P.C. (1990-1991), hasta recalar en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), donde obtuvo su investidura de Licenciada en Ciencias Jurídicas.  Se desempeñó como Secretaria en el Tribunal Supremo Electoral (1991-1992).

Ingresó a la PDDH en 1995 como Secretaria del Departamento de Recursos Humanos, fue colaboradora jurídica en la Delegación de La Libertad, Jefe de la Unidad Técnica, de los Departamentos de Denuncias y de Procuración. Fue artífice de los primeros informes situacionales que presentó a la nación la entonces Procuradora para la Defensa de los Derechos Humanos, doctora Beatrice Alamanni de Carrillo, período en el cual inició su ruta ascendente.


El año 2003 estalló el escándalo de los títulos irregulares, evidenciado por el Informe del fiscal especial Vidales, lo que dió lugar a la destitución de jueces y a la suspensión de abogados por parte del pleno de la Corte Suprema de Justicia. Los profesionales afectados se agolpaban en la PDDH, exigiendo una respuesta. El expediente pasó por varias manos, pero ningún operador elaboraba un proyecto de informe satisfactorio a juicio de la doctora Alamanni de Carrillo, hasta que tomó el caso la licenciada Lorena Torres y confeccionó un proyecto muy bien motivado y convincente, que declaró violación al derecho al debido proceso y a la seguridad jurídica en perjuicio de 38 profesionales del derecho. Así fue acumulando prestigio Lorena Torres.

De igual forma elaboró proyectos de resoluciones sobre el homicidio de la niña Katia Miranda, despidos colectivos en las Alcaldías y otros casos emblemáticos. Cuando llegué al Departamento de Resoluciones allá por el año 2000, enviado por el entonces Procurador, Marcos Alfredo Valladares Melgar, era sin lugar a dudas la mejor resolutora, tanto en calidad como en cantidad de trabajo.

Recuerdo en los cortos intervalos que platicaba con ella, que enaltecía las enseñanzas del licenciado Victor Hugo Mata y lo mencionaba como su mentor, en el arte de resolver con acertado criterio casos complejos. Solía decir “a nosotros tal detalle del trabajo no los enseñó Victor Hugo”. Veía con mucha lucidez los casos, sabía lo que faltaba, el hecho que no se había analizado, la norma que no se había citado. Tenía mucha habilidad para ordenar los argumentos y para aplicarle el enfoque correcto al hecho que se abordaba.

Muy pocos días antes de su deceso le obsequié un librito que he escrito "La música en palabras. Meditaciones y reminiscencias" y me hizo varios comentarios, en el sentido que desconocía que yo era un apasionado de la música, que no sabía que hubiese escrito canciones y me preguntó si mi esposa no se molestaba por las musas que mencionó en el libro. Le agradeceré siempre, por el tiempo que se tomó para leer mis relatos.

El día de su vela que conversaba con uno de sus hermanos me contaba que siempre obtuvo el primer lugar desde primaria a bachillerato. De igual forma fue una estudiante de derecho destacada en la UCA, donde sobresalió por su capacidad analítica.



Como Jefa era tolerante, sabía ser permisiva y exigente cuando las circunstancias lo demandaban. Conocía muy bien las debilidades y fortalezas de cada servidor y sabía en qué tipo de tareas un empleado podía rendir mejor, según sus cualidades. Tenía bastante autocontrol, para dominar su carácter cuando se disgustaba y sabía reconocer el mérito cuando alguien tenía un buen desempeño.

Una persona franca, llana, que decía la verdad tal como ella la percibía, que se alejaba de la adulación, de la hipocresía, de la doble moral y que tomaba distancia del poder. Se sumergía en su trabajo con abnegación. No buscaba congraciarse con la autoridad mediante gestos de cortesía o frases zalameras, no era dada a andar en eventos, tomándose fotos con altos funcionarios, prefería abocarse a su tarea. En veinticinco años nunca la escuché adulando a una figura de autoridad, defendía su puesto con su trabajo. Quizá es de las pocas personas que conozco, que ha ascendido escaños por la senda exclusiva del mérito.

Hoy que no está recordaré siempre aquella chica chispeante, coqueta, analítica, observadora, acuciosa, que manejaba a veces un fino sarcasmo, que al decir de Ruben Blades parecía una chica plástica, pero no lo era, porque las apariencias engañan. La invocaré como una de las mejores profesionales del derecho que he conocido, que combinaba el conocimiento técnico con las cualidades de liderazgo de un buen jefe. ¡Hasta siempre licenciada Lorena Torres



No hay comentarios:

Publicar un comentario