Por Joaquín Rivera Larios
El 14 de marzo de
2019 partió sorpresivamente la licenciada Lorena del Carmen Torres, entonces Jefe del
Departamento de Procuración de la Procuraduría para la Defensa de
los Derechos Humanos (PDDH). Nunca me imaginé que cuando se despidió al
mediodía del 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer) y la vi salir de la oficina , sería la última vez que la
vería con vida.
Es muy difícil
tener que interiorizar la despedida de alguien de nuestra generación, de
nuestra camada, con quien compartimos el espacio laboral durante veinticinco
años y quien daba a diario ejemplos de entereza, disciplina, responsabilidad,
profesionalismo y compromiso con la institución a la que brindó valiosos
servicios.
Nacida en el seno
de una familia modesta, originaria de Santa Tecla, se formó en planteles educativos
públicos: primaria y secundaria las
cursó en la Escuela Luisa de Marillac (1978-1983) en su ciudad natal,
Bachillerato lo estudió en el Complejo Educativo Andrés Bello (1987-1989), estudió Técnico en Programación el C.I.P.C. (1990-1991), hasta recalar en la Universidad
Centroamericana José Simeón Cañas (UCA), donde obtuvo su investidura de
Licenciada en Ciencias Jurídicas. Se
desempeñó como Secretaria en el Tribunal Supremo Electoral (1991-1992).
Ingresó a la PDDH en 1995 como Secretaria del Departamento de
Recursos Humanos, fue colaboradora jurídica en la Delegación de La Libertad,
Jefe de la Unidad Técnica, de los Departamentos de Denuncias y de Procuración.
Fue artífice de los primeros informes situacionales que presentó a la nación la
entonces Procuradora para la Defensa de los Derechos Humanos, doctora Beatrice
Alamanni de Carrillo, período en el cual inició su ruta ascendente.
El año 2003 estalló el escándalo de los títulos irregulares, evidenciado por el Informe del fiscal especial Vidales, lo que dió lugar a la destitución de jueces y a la suspensión de abogados por parte del pleno de la Corte Suprema de Justicia. Los profesionales afectados se agolpaban en la PDDH, exigiendo una respuesta. El expediente pasó por varias manos, pero ningún operador elaboraba un proyecto de informe satisfactorio a juicio de la doctora Alamanni de Carrillo, hasta que tomó el caso la licenciada Lorena Torres y confeccionó un proyecto muy bien motivado y convincente, que declaró violación al derecho al debido proceso y a la seguridad jurídica en perjuicio de 38 profesionales del derecho. Así fue acumulando prestigio Lorena Torres.
De igual forma
elaboró proyectos de resoluciones sobre el homicidio de la niña Katia Miranda,
despidos colectivos en las Alcaldías y otros casos emblemáticos. Cuando llegué
al Departamento de Resoluciones allá por el año 2000, enviado por el entonces
Procurador, Marcos Alfredo Valladares Melgar, era sin lugar a dudas la mejor
resolutora, tanto en calidad como en cantidad de trabajo.
Recuerdo en los
cortos intervalos que platicaba con ella, que enaltecía las enseñanzas del
licenciado Victor Hugo Mata y lo mencionaba como su mentor, en el arte de
resolver con acertado criterio casos complejos. Solía decir “a nosotros tal
detalle del trabajo no los enseñó Victor Hugo”. Veía con mucha lucidez los
casos, sabía lo que faltaba, el hecho que no se había analizado, la norma que no
se había citado. Tenía mucha habilidad para ordenar los argumentos y para
aplicarle el enfoque correcto al hecho que se abordaba.
Muy pocos días
antes de su deceso le obsequié un librito que he escrito "La música en
palabras. Meditaciones y reminiscencias" y me hizo varios comentarios, en
el sentido que desconocía que yo era un apasionado de la música, que no sabía
que hubiese escrito canciones y me preguntó si mi esposa no se molestaba por
las musas que mencionó en el libro. Le agradeceré siempre, por el tiempo que se
tomó para leer mis relatos.
El día de su vela
que conversaba con uno de sus hermanos me contaba que siempre obtuvo el primer
lugar desde primaria a bachillerato. De igual forma fue una estudiante de
derecho destacada en la UCA,
donde sobresalió por su capacidad analítica.
Como Jefa era
tolerante, sabía ser permisiva y exigente cuando las circunstancias lo
demandaban. Conocía muy bien las debilidades y fortalezas de cada servidor y
sabía en qué tipo de tareas un empleado podía rendir mejor, según sus
cualidades. Tenía bastante autocontrol, para dominar su carácter cuando se
disgustaba y sabía reconocer el mérito cuando alguien tenía un buen desempeño.
Una persona
franca, llana, que decía la verdad tal como ella la percibía, que se alejaba de
la adulación, de la hipocresía, de la doble moral y que tomaba distancia del
poder. Se sumergía en su trabajo con abnegación. No buscaba congraciarse con la
autoridad mediante gestos de cortesía o frases zalameras, no era dada a andar
en eventos, tomándose fotos con altos funcionarios, prefería abocarse a su
tarea. En veinticinco años nunca la escuché adulando a una figura de autoridad,
defendía su puesto con su trabajo. Quizá es de las pocas personas que conozco,
que ha ascendido escaños por la senda exclusiva del mérito.
Hoy que no está
recordaré siempre aquella chica chispeante, coqueta, analítica, observadora,
acuciosa, que manejaba a veces un fino sarcasmo, que al decir de Ruben Blades
parecía una chica plástica, pero no lo era, porque las apariencias engañan. La
invocaré como una de las mejores profesionales del derecho que he conocido, que
combinaba el conocimiento técnico con las cualidades de liderazgo de un buen
jefe. ¡Hasta siempre licenciada Lorena Torres!
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