Por Joaquín Rivera Larios
Estudiaba primer grado en el extinto Colegio Unión 890,
frisaba los seis años, vestía guayabera celeste y pantalón corto azul negro, batallaba día y noche con el Silabario
Hispanoamericano, para abrirme paso en el mundo de la lectura, El Salvador
vestía sus mejores galas para recibir a las mujeres más bellas del planeta, que
deslumbraban y generaban crispación y frenesí donde llegaban. En la atmósfera
se respiraba el perfume y el glamour de las misses, que viajaban por las estrechas
calles por San Salvador bajo fuertes dispositivos de seguridad, acompañadas por
policías motorizados.
El país estaba expectante a las incidencias del concurso, en mi mundo infantil añoraba que un día previo a la gran gala que tendría lugar el 19 de julio de 1975, arribaría al Aeropuerto de Ilopango, la mujer más bella del planeta.
Pero Amparo, la única española en coronarse como Miss Universo, abdicó a su reinado, a solo seis meses de haber recibido el título, privándonos del privilegio de admirarla en persona, al sentirse manipulada y presionada por la organización del concurso, que la obligaba a constantes viajes y presentaciones, lo que afectó su salud, sufriendo desmayos en publico y depresión nerviosa. Para coronar a la nueva soberana se hizo presente, Kerry Anne Wells, de Australia, Miss Universo 1972.

Quizá porque era oriunda de la madre patria, pero sentía un
vínculo afectivo con la bellísima Miss Universo 1974, tenía una fotogenia
perfecta, la cámara se rendía ante sus ojos color miel, su apacible mirada y su
radiante sonrisa. Era una chica, simpática, sencilla, espontánea, llena de
encanto, al punto que cuando el animador Bob Barker, con motivo del concurso
que tuvo lugar en Manila, Filipinas, la interrogó “¿Cómo cambiaría su vida de
obtener la corona, de convertirse en una celebridad internacional?” ella con
sorprendente inteligencia natural le contestó en claro español: “No cambiaré
mis sentimientos y mi amor hacia los demás, cambiaré mi vida, mi actividad,
porque así lo manda el título”.
Amparo Muñoz vino al país el 16 de enero de 1975, para
participar como jurado en el Concurso Miss El Salvador, junto a Roberto Poma,
Presidente del ISTU, y José Enrique Silva, Ministro de la Presidencia, entre
otras personalidades, evento que tuvo lugar la noche del 17 de enero en el
Teatro Presidente y en el que resultó electa Carmen Elena Figueroa, quien fue diputada por el partido ARENA. También participó en el espectacular show de
modas “Avant Premiere Miss Universo 75”, que se tuvo como escenario el
Poliedro, el 20 de enero, con la animación de Leonardo Heredia y la dirección
escenográfica de Alejandro Coto.
A su arribo en el Aeropuerto Internacional de Ilopango, la
noche del 16 de enero, procedente de Nueva York, una multitud de unas dos mil
personas le dio una emotiva bienvenida. Fue recibida en el Salón de Honor de la terminal aérea, por el Ministro de la Presidencia, José Enrique Silva. Al
momento de la recepción y luego de estampar su firma en el Libro de Oro de
visitantes ilustres, la máxima exponente de belleza dijo: “Me siento muy feliz
de encontrarme en este bello país; son muy gentiles los salvadoreños para
quienes envío mi cariñoso saludo”. Al ser consultada por los periodistas sobre
sus aspiraciones en la vida expresó: “Ser feliz y ayudar a ser feliz a los que
me rodean”.
Luego de una estancia en el país de cuatro días, y tras
haber sufrido quebrantos de salud que la condujeron a la Policlínica
Salvadoreña, la soleada mañana del 21 de enero bellísima reina y actriz lanzó
al aire una promesa antes de abordar la nave de TACA que la condujo a México:
"Regresaré a este lindo país en junio, un mes antes de la celebración del
concurso. Quisiera quedarme con ustedes todo el tiempo”. Y luego se despidió
con su mano desde la escalinata de la nave y sentenció: “Pronto volveré a El
Salvador”. Promesa que para mi tristeza y la de muchos compatriotas ya no
cumplió.
Hace unos días seguí sus huellas en la red, y me estremecí
cuando constaté que la encantadora Miss Universo 1974 nos dijo adiós a los 56
años un 16 de febrero de 2011, en su natal Málaga, bajo el horrendo peso de una
enfermedad terminal. No sé por qué pero aun siento que la bellísima reina quedó
en deuda conmigo y con todo un pueblo que la esperaba, y es que en el fondo
sigo siento aquel niño de seis años con el corazón repleto de sueños.
Hermosa rip
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