domingo, 11 de octubre de 2020

ADIOS A CARLOS MARTELL: UN ESPÍRITU PROGRESISTA Y SOLIDARIO

Por Joaquín Rivera Larios


La primera hora del día de mi cumpleaños me desperté con la estremecedora noticia del fallecimiento del compañero Carlos Alberto Martell Brizuela, Delegado Departamental de la PDDH de Cuscatlán.  Fungió también con el mismo cargo en Chalatenango, Cabañas y La Paz. Fue miembro de la Comisión de Servicio Civil. Ingresó a laborar a la PDDH el 15 de febrero de 1996.  
                                                            


En el segundo lustro de los ochenta, estudió bachillerato en el extinto Instituto Cultural Miguel de Cervantes y fue trompetista en la banda de guerra, institución en la que fue muy popular. En el muro de Facebook "Generación Cervantina" alguien escribió: “ Siento tristeza de venir a encontrar a Carlos Alberto MartelI Brizuela, (Q.D.D.G.) ... Otro oso que ya ha partido y encontrado paz allá donde mi Colochón guarda celosamente a muchos y recordados amigos...Como decía nuestro profesor de la banda de guerra el señor Ferrufino: ‘Atenciónnnn FIRMMMM’...honores a nuestro oso caído... que suenen trompetas. Arrrrrm!” 


Carlos Alberto murió a las veintiuna horas con treinta minutos del seis de octubre de dos mil veinte a la edad de 50 años, después de un prolongado quebranto de salud. Siempre creí que su nombre era en honor al capitán de la selección brasileña Carlos Alberto que campeonizó en la novena edición de la copa Mundial de México 70, ya que nació en San Salvador el 11 de febrero de ese año. Fue hijo de Zoila Morena Brizuela Mejía y Manuel Martell (QDDG).

                                            

Cuesta digerir el vacío de un compañero que parte, cuesta interiorizar que lo veremos solo en los recuerdos, que no vamos a compartir una charla, un apretón de manos, saber que hoy solo es una imagen volátil que vaga en la memoria, un puñado de anécdotas que me dejaron lecciones de nobleza, humildad, integridad y preocupación sincera por sus semejantes.
                                                    


Su inteligencia social era notable, con bastante facilidad obtenía apoyos para impulsar una iniciativa. En el 2003 junto a la compañera Julieta Margarita Zepeda, estaba trabajando la tesis “Detención Provisional ¿medida cautelar o pena anticipada?” para optar al título de Licenciado en Ciencias Jurídicas y recuerdo que lo apoyó la Secretaria del Departamento de Procuración, Thelma Recinos de Aguilar. Un día para tal propósito, llegó a mi casa y con mucho gusto le presté varios libros de derecho penal y constitucional. La Jefa del Departamento de Procuración de esa época, Zaira Lis Navas Umaña, le tenía mucho aprecio. 



El último trimestre de 2004 fue junto a Jesús Ulises Rivas, Griselda Victoria González y Gloria Evelyn Martínez, de los principales promotores de la fundación de una asociación de jurídicos. Recuerdo que en corto tiempo Carlos Alberto había recopilado copias de DUIS de varios jurídicos para formalizar la escritura de constitución.


                                                 

 

Ascendió a Delegado Departamental de Chalatenango en el 2005, durante el período de la doctora Beatrice Alamanni de Carrillo. Sabedor de los vetos o bloqueos que se dan a estos nombramientos por personas que están en el circulo de influencia del Titular, fue muy hábil para cabildear el cargo, tratando de mantener una relación estratégica y cordial con funcionarios que pudieran poner reparos a su designación.   

El 23 de junio de 2015, ganó la contienda interna en la PDDH por la precandidatura a consejal del Consejo Nacional de la Judicatura en representación del Ministerio Público, disputa en la que superó a Antonio Aguilar Martínez y a Pablo Leiva Portillo (QDDG).




Fue candidato a Procurador para la Defensa de los Derechos Humanos en dos ocasiones, en el 2016 y el 2019, desenvolviéndose muy bien en las entrevistas que le hizo una Comisión de la Asamblea Legislativa.





Hubo un tiempo que yo admiré su habilidad política para conducirse. No es fácil ejercer una jefatura y tener relaciones cordiales con el personal a su cargo y con las altas autoridades, pero cuando oigo testimonios de personas que lo trataron, descubro que esa habilidad se llama empatía con los semejantes. Es gratificante saber que fue un buen hijo, un buen padre, un buen nieto, que prodigó toneladas de amor a los suyos. 
                                                    

                            
No era un intelectual o académico sobresaliente, pero era un profesional con mucha inteligencia práctica y una lógica natural muy arraigada. Lo recuerdo disertando el 14 de julio de 2016 en la Universidad de El Salvador en un evento de candidatos a Procuradores para la Defensa de los Derechos Humanos, manejando un discurso sencillo, pero muy claro de un servidor que conocía no solo las debilidades del servicio, sino también los problemas y las carencias administrativas y financieras de la institución que pretendía dirigir.


Los jurídicos vivimos atiborrados de expedientes, unos muchos más complejos que otros. En un solo expediente suele concurrir  concurso de hechos y múltiples autoridades involucradas. El jurídico debe discernir dentro la multiplicidad de hechos denunciados cuales tienen connotación de violaciones a derechos humanos.  A veces los hechos son confusos, enredados, las evidencias no son congruentes o pertinentes con las presuntas violaciones que se denuncian. 

A raíz de este panorama no muy alentador, una frase de Carlos Alberto  martilla mi mente: "Los casos son sencillos, el jurídico es el que los complica". Con frecuencia pienso que tenía razón Carlos, en el sentido que hay que tratar de hacer sencillos los casos complejos o por lo menos desenredarlos para que los considerandos y  conclusiones tengan coherencia y orden. 
   


Además, fiel a su filosofía de preocuparse por la gente, recuerdo que el eje central de su disertación fue proteger y potenciar el talento humano, como la pieza medular para mejorar la tutela de los derechos de la población. Habló de incrementar las capacitaciones, promover becas al exterior y empeñó su palabra de cumplir el Contrato Colectivo.

Tengo fresco en la memoria una pincelada de generosidad de Carlos Alberto Martell, y fue en el 2014, cuando siendo Secretario General de SEPRODEHES, junto a otros directivos lo visité en su despacho en la recondita Delegación Departamental de Cabañas y nos solicitó que abogáramos por el traslado de un compañero de servicios generales a una delegación cercana a su residencia y nos comentó que sentía mucha preocupación por todas las peripecias que pasaba el servidor para llegar a su trabajo. Hicimos la gestión con el Procurador David Morales y obtuvimos resultados favorables en tiempo récord. 



Al marcharse al encuentro con el Creador nos deja el legado de un hombre que no atesoraba saberes complejos, pero grande en sentimientos, con mucha sabiduría vital, no tanto libresca, sereno, sosegado, muy juicioso y reflexivo, con excelente sentido de humor, alguien que siempre buscó servir a su país desde una alta posición y que procuró ser fuente de bendición en la vida de quienes lo rodeaban. ¡Hasta pronto Carlos Alberto!







1 comentario:

  1. Estimado Joaquín: Muchas gracias por la reseña sobre nuestro querido Carlos Martell, sin duda un gran ser humano y compañero de trabajo. Bendiciones.

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