lunes, 19 de octubre de 2020

LA RESPONSABILIDAD Y EL ORGULLO QUE CONLLEVA SER PADRE

Por Joaquín Rivera Larios
                                                                


Un hijo cambia en 180 grados nuestro enfoque de la vida: adquirimos una razón por qué vivir y luchar, mayor disposición para el sacrificio, aumenta nuestra capacidad de amar, sentimos una preocupación constante por su bienestar. Deja de ser nuestra persona el centro de nuestro interés, aprendemos a valorar el apoyo que nos brindaron nuestros padres, sentimos compasión por los demás niños y niñas, valoramos más el trabajo y el dinero. En suma, tenemos una oportunidad única de modelar una persona de bien que aumente la suma de bondad sobre la faz de la tierra.



Un hijo es la prolongación de la vida de un padre, éste le da estilo, le da visión, le da identidad, personalidad y proyección. Es un referente obligado para explicarte quien eres y para que estás en este mundo. Por eso, un vacío enorme se cierne sobre aquellas personas que el infortunio los privó de un padre. Los seres queridos que partieron viven hasta que se extinguen todas las vidas que han influido. Su memoria seguirá latiendo en el corazón de sus descendientes, a quienes favorecieron a través de su trabajo y esfuerzo. 


Un padre es muchísimo más que aquel que engendra biológicamente, es el que construye los cimientos del hogar, es el originador de una familia, es el que proveyó la información genética, es el que protege, alecciona, inspira a cuantos están bajo su esfera de responsabilidad, es un ancla que detiene y da soporte a los suyos. Tiene la autoridad para llevar a los suyos a un destino que puede ser de autorrealización o destrucción.

Es difícil ser padre, estar a la altura de las exigencias anímicas, emocionales, educativas, sociales, económicas de un hijo, tener una conducta digna de imitar. No es fácil enseñar con el ejemplo. Es vital creer en el hijo, creer en sus potencialidades, inyectarles autoconfianza, enseñarles que deben vencer sus propios límites. He tratado de transmitir a mi hijo que sea una buena persona, que sea feliz, que busque escalar una cumbre.



Dos ideas me han impactado: un cartel alusivo a un niño que dice “Trátelo con cuidado, contiene sueños”; y la canción antiaborto “Con una estrella en tu vientre” de Ricardo Arjona que en lo medular dice: “Llevas una estrella en tu vientre/ llevas una vida que late/ un posible ingeniero, roquero o escritor/ quizá bohemio, quizá un señor/ quizá compositor poeta medio loco o soñador...”

Esta canción ha merodeado en mi mente desde que la escuché en el Festival OTI de 1988 en Argentina, y he pensado que todo niño y niña son estrellas en potencia que pueden brillar en cualquier firmamento, todo depende del estímulo que reciban de sus padres y del entorno para desplegar plenamente sus potencialidades y pueda exteriorizarse esa grandeza que yace oculta. 

Solía decirle a mi vástago, no te pido que estés en el cuadro de honor, solo que lo intentes. Este año 2020 lo logró. Le digo debes dejar una huella benéfica donde llegues, porque la vida es fugaz, hoy estamos mañana no. El mérito radica no solo en lograrlo, también es meritorio intentarlo con determinación.

Ser padre es librar una guerra en el buen sentido de la palabra, una guerra contra las malas influencias que se ciernen sobre nuestros hijos, una guerra para contrarrestar su rebeldía, una guerra para lograr la provisión de bendición, buen ejemplo y alimentos que debemos prodigarles. Un padre es un guerrero incansable y un sembrador. Somos sembradores en la conciencia de nuestros hijos y las semillas deben ser buenas.



Me gustan mucho las palabras de Karen Larios, mi amiga en Facebook: “¡Un papá sin ser papá es cosa de machos, pero ser Padre es cosa de Hombres..! Muchas Felicidades a usted que ha sabido desempeñar su título de Padre y a pesar de cualquier adversidad o circunstancia no se rindió y siempre está al pie de cañón por amor a sus retoños. ¡Qué Dios los bendiga en todas las áreas de sus vidas por siempre!”






Al pastor evangélico Dante Gebel, le preguntaron qué frase quería que le pusieran en su tumba y él contestó: “Dante Gebel, un hombre que inspiró a muchas generaciones”. Luego escuché un comentario que el hijo de Dante lo había elegido a él para hacer un vídeo sobre su vida, como parte de una tarea que le dejaron en sus estudios de cine, en la que le indicaron que el vídeo versara sobre alguien que lo haya inspirado. Creo que ese es el complejo reto de ser padre, tener la capacidad de motivar, de inspirar a nuestros hijos para la realización de nobles ideales, para la conquista de logros importantes y útiles. Como dijo H. Jackson Brown: “Vive la vida de tal manera que cuando tus hijos piensen en justicia, cariño, integridad, piensen en ti”.




Con motivo de su cumpleaños, hace varios años publiqué en el muro de mi hijo una carta en la que lo saludaba y le reiteraba algunas inquietudes que comparto con él en las conversaciones cotidianas sobre el propósito de la vida, la formación del carácter y los niveles de responsabilidad que debe tener una persona.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS HIJO!

Hola hijito lindo, te deseo un feliz cumpleaños. Siempre recuerdo la primera vez que te vi en el hospital, desde ese momento cambiaste mi vida, me diste una razón para vivir, para luchar, me hicistes comprender que cada paso que daba, que cada error que cometía, podía afectarte.

Discúlpame que te moleste tanto, pero solo quiero que brille plenamente la estrella que tienes dentro de ti, que explores y desarrolles completamente los maravillosos dones que Dios te dio, por ti, por tu familia, por tu país. Solo quiero que seas feliz, por eso no quiero que te pierdas en ilusiones vanas, en satisfacciones pasajeras, que a la postre te van a privar de las bendiciones que Dios tiene reservadas para ti. Recuerda siempre que tus dos nombres JOAQUIN EDUARDO, representan lo mejor de nuestra familia, representan a los dos entrañables seres que prodigaron amor y educación a tu abuelito en su niñez: tío Joaquín y mama Eduarda (Lala).

Sin duda yo no he logrado mucho, lo que te he transmitido solo son sueños, pero así pasó también con tu abuelito, él quiso ser tenor, y tu tío Mundo grabó discos y cantó en televisión; quiso ser orador, y tu tío Guayito ganó concursos de declamación, quiso ser escritor como Nervo y Darío, y tu tío Neto es escritor. Los sueños que tu abuelito tuvo se han ido cumpliendo en alguna medida a través de sus hijos. Esos sueños trato de transmitirte yo cuando te hablo hasta la saciedad de Mandela, de Clinton, Nixon, Gandhi, Kennedy, Napoleón Duarte, Roque Dalton, “Mágico” González, Alberto Masferrer, Albert Einsten, José Ingenieros y Mario Vargas Llosa.

Tu abuelito me inculcó el deber moral de rendir honor a quien honor merece, tú debes valorar el mérito, enaltecerlo, porque el bien se expande cuando se divulga, cuando se promueve. En quince años he presenciado el enorme desarrollo profesional que ha alcanzado tu madre, y en los últimos meses, se ha enfrascado en un proceso acelerado de crecimiento espiritual, que ya empezó a dar excelentes frutos. Tú debes reconocer este esfuerzo y darle tu decidido apoyo, esforzándote tú también por alcanzar nobles ideales.

Recuerda lo que te dijo tu primo, el pastor Josué, relativo a que tu punto de partida eran mis cuarenta años, es decir que en tu trajinar por este mundo deberías atesorar mi experiencia, formada tanto por aciertos y desaciertos, cúmulo de conocimientos teóricos y prácticos, fortalezas y debilidades, aun así tendrás tus propios tropiezos, pero mi bagaje de vivencias te dará alguna luz, especialmente para no reincidir en mis yerros.

Te pido perdón por las ofensas y privaciones que has pasado por mi culpa, he vivido una ceguera que me impidió prever esas afectaciones, lo que me ha dolido en el alma. Pero Dios es fiel y él nos está restaurando a pasos gigantescos. Fueron pruebas que nos harán crecer y ascender a un nivel superior de vida.

Tú estás llamado para cosas grandes, le pido a Dios que te dé visión y energía para alcanzarlas. Solo te digo algo que me repetían de niño y que he cumplido parcialmente: “No pases ni un minuto sin pensar en ser mejor”. ¡Hijo eres lo mejor que me ha pasado, te amo!

Lo importante es dejar un buen recuerdo, la impronta especial de un buen ser humano en cualquier espacio que interactúes, abrir un camino que otros puedan transitar, porque la vida no es un destino, sino un viaje y quienes te rodean solo son pasajeros que a lo mejor bajarán en la próxima estación. En sus primeros años, yo veía al niño inquieto, pero algo me decía que ese niño escribiría una historia luminosa. Ojalá Dios así lo permita.

El 7 de octubre de 2020, día de mi cumpleaños mi hijo me hizo una video llamada y el sábado 10 me entregó esta carta que arranco mis lágrimas. Es la forma de decirme que ha interiorizado el mensaje que he procurado transmitirle durante casi dos décadas y que tratará de ser un motivo de orgullo para sus padres que tanto lo adoramos. ¡¡¡Mil gracias hijo por tantas satisfacciones!!! 






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