Arribaron a escena en una época álgida para Latinoamérica, que era uno de los principales campos de batalla de la guerra fría. Todo el alboroto, el frenesí que provocaron probablemente respondió a una estrategia deliberada de generar distractores, para acallar e invisibilizar el dantesco panorama de la violencia política, que tuvo diferentes matices y modalidades en América Latina y cuya magnitud y secuela se ha ido develando en la posguerra.
Pero más allá de ver la música como un evasor de la
realidad, la conmoción que generaron los grupos juveniles como los Chicos,
Menudo, los Chamos, Parchis. Timbiriche, fue un auténtico fenómeno mediático y
mercadológico que dominó la conciencia colectiva de una juventud ávida de
esperanza. Dejaron una huella indeleble y perpurable en la adolescencia de la
época, nutrieron sus sueños románticos y en alguna medida modelaron su
identidad.
Despertaron la histeria colectiva en cuanto teatro, estudio
de televisión, gimnasio, estadio se presentaban con sus trajes brillantes, peinados
de salón y atractivas coreografías. No era extraño que sus llegadas a los
hoteles, aeropuertos generaran alborotos y hasta disturbios, convocaban
abarrotadas conferencias de prensa, procesiones de enardecidos seguidores
presenciaban su recorrido por las calles de las ciudades que visitaban.
Se puede hablar con propiedad de "Menudomanía",
"Chicomanía", se organizaron grupos de imitadores que hacían fono
mímica y cobraban por sus presentaciones en parques y escuelas, colaboraban en
actividades benéficas, se crearon clubes de fans en diversos países. El centro
de San Salvador lucía atiborrado con posters de estos muchachos. En El Salvador
la televisión montó concursos de imitadores que gozaban de gran audiencia,
engalanados con bellas presentadoras.

Mientras los grupos enarbolaban ilusiones haciendo alusión a
motos, dulces besos, besos de ceniza, anhelos de vuelo, amores platónicos,
puros y virginales, en las urbes y en las zonas rurales el lenguaje de la
guerra asolaba poblaciones completas en Guatemala, El Salvador, Nicaragua y
otros epicentros de la conflagración este oeste.

Desde la trinchera masculina, había cierta campaña homofóbica en el sentido que al que le gustaba la música de estos grupos y sus coreografías, es porque le atraían los hombres, lo que provocó que muchos fans masculinos no declararan abiertamente su predilección, para evitar ridiculizaciones o burlas. Sin embargo, haciendo a un lado la atracción sexual y la natural envidia que despiertan artistas que embelesan a tantas admiradoras, estos grupos juveniles capturaron la predilección de fans de ambos sexos.
En una entrevista televisiva Edgardo Díaz, productor y dueño
del grupo Menudo, dijo que medios internacionales habían destacado que Menudo
paró la guerra en El Salvador cuando se presentó en 1983 en el Estadio
Cuscatlán. No se hasta qué punto fue positiva la alucinación que provocaron, no
sé hasta qué punto es benéfico no asumir una realidad atroz con los cinco
sentidos. Pero debo agradecer a Parchis, Enrique y Ana, Menudo, Timbiriche, los
Chicos, por habernos pintado con bellos colores lo que fue una realidad gris y
sombría, por habernos inyectado júbilo y emoción en medio del dolor.
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