Por Joaquín Rivera Larios
Las tonadas marcan épocas, fijan recuerdos, nos permiten expresar alegrías, desahogar penas, se convierten en el trasfondo de las relaciones amorosas, fungen como portavoces que en nuestro nombre declaran nuestros sentimientos y a veces pueden hacer las veces de la lámpara de Aladino que al frotarla nos concede deseos, como sucede con aquel que se aboca al balcón de su amada, para llevarle serenata, cobijando la ilusión que su pretendida lo perdone o le dé el sí definitivo, al calor del embeleso que provocan las melodías.
La música genera múltiples y contrapuestos efectos:
fortalece la memoria y el aprendizaje, afecta la velocidad de las ondas
cerebrales, recrea recuerdos, infunde confianza, coraje, mejora la actividad
motora, facilita el aprendizaje de idiomas.
EFECTOS DE LOS DIVERSOS GENEROS MUSICALES
La música tiene una enorme capacidad de evocación y se conecta con la vivencia del oyente. Sin embargo, no es tarea fácil traducir el arte sonoro en palabras, por ser éste de naturaleza única. Ya lo dijo Frank Zappa: “Escribir sobre música, es como bailar sobre arquitectura”. Quizá pretendía decir que es inútil tratar de intelectualizar o racionalizar las emociones que provoca el fenómeno musical, que es vano tratar de desentrañar como se diseñó, proyectó, construyó una pieza musical y cómo impacta a los oyentes.
La literatura trata de imitar el ritmo, la candencia y el aspecto pegajoso o contagioso de la música, pero usualmente va a la zaga. Vale relacionar una cita que se contrapone a Zappa y es apócrifa: “Solo hay una cosa es mejor que escuchar música, hablar sobre ella”.
Se ha dicho que la música es la banda sonora de la vida, que
es la taquigrafía de la emoción, la aritmética de los sonidos, que cuando las
palabras se quedan cortas, el arte sonoro entra en escena, transmitiendo
emociones que los vocablos no pueden expresar. Según su mensaje, puede ser una
mala o excelente compañera, transmitir un efecto tranquilizador, excitante,
agradable o desagradable. A veces una tonada simboliza un momento memorable de
nuestra existencia, es el telón de fondo de algunos episodios álgidos de la
vida y torna imborrables vivencias cotidianas.
REFERENTE DE IDENTIDAD
Circula la idea que eres lo que escuchas, que la predilección musical viene determinada por los rasgos de personalidad y que tiene relación con la forma de pensar del individuo. John Lennon lo dijo en sus palabras: “Cada persona es el reflejo de la música que escucha”. Estudios han revelado que las personas empáticas tienen inclinación por géneros musicales suaves como el blues, el jazz y el country. Las personas extrovertidas, que gustan de estar rodeadas de gente, se inclinan el pop, el funk y todas aquellas corrientes melódicas que les permitan bailar sin parar. Por su parte, el rock y el heavy metal se identifican con oyentes que proyectan cierto grado de rebeldía e impulsividad que los hace destacar donde van.
Pero ahondado más en la identidad, la música es un
ingrediente fundamental de nuestra personalidad. La pregunta existencial que
siempre aflora es ¿Quiénes somos? Somos
el producto de la influencia muchos factores. Somos los libros que hemos leído,
las películas que nos han impactado, la música que nos cautiva, las lecciones
de vida de nuestros padres, nuestros maestros y amigos, nuestros ídolos… en fin
somos una compleja amalgama de ingredientes y más allá de los efectos
recreativos, socializadores, comunicativos, terapéuticos, la música tiene mucha
incidencia en la percepción del mundo y en el estilo de vida de un fans o de un
conglomerado. Los mensajes de las canciones ayudan a reflexionar sobre los
ocultos resortes y mecanismos que mueven las relaciones humanas.
SIMBIOSIS ENTRE MUSICA Y LITERATURA
A veces se da una simbiosis mágica entre música y
literatura. Hay algunos cultores del arte sonoro como Bob Dylan, Silvio
Rodríguez, Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat, que han creado verdaderos poemas
musicalizados, en parte gracias a ellos se ha llegado a debatir si la música
puede considerarse un género literario. El debate llegó a su clímax cuando Bob
Dylan fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 2016.
Algunas piezas musicales nacen de un texto o contexto
literario. Un puñado de palabras con valor estético pueden precipitar un
universo musical. Es así es como Joan Manuel Serrat en “Cantares”, Ana Belen en
“Muerto de Amor”, Juan Luis Guerra en “Bachata Rosa”, Alex Bueno en “Lucía”,
incorporan en su orden versos de Antonio Machado, Federico García Lorca, Pablo
Neruda y Joaquín Balaguer, el poeta y expresidente dominicano. Estos versos
transportados en alas de melodías estremecen fibras con un poder expresivo del
que los vocablos carecen.
Kurt Cobain, líder de la banda Nirvana, dijo: “Todos los escritores que conozco preferirían ser músicos”. Quizá un ejemplo de este aserto es Horacio Castellanos Moya, el escritor salvadoreño vivo con mayor proyección internacional, autor de las novelas “El Asco”, “Tirana memoria”, “Baile con serpientes”, quien llegó a la literatura después de intentar letras de canciones para su banda de rock y ante la incapacidad de componer música, empezó a escribir.
Cuenta David Arizmendi, Director del periódico “El Mundo” de Medellín, en una conferencia denominada “Los amigos echan cuentos de Gabo” que se puede apreciar en YouTube, que éste lo fue a traer al aeropuerto de la ciudad de México, mientras conducía su vehículo con rumbo al hotel oía incesantemente en un casete “Señora”, interpretada por la espectacular cantante española, Rocío Jurado y escrita por Manuel Alejandro, tonada que data de 1978. Al tiempo que oía repetidamente “Señora” Gabo exclamaba: “Esa es mi nueva novela”.
Curiosamente esa canción fue la inspiración de la novela “El amor en los tiempos del Cólera” (1985), una de sus obras narrativas más poéticas, un verdadero tratado del amor, el romance, la pasión, el dolor y la espera.
UNA VENTANA AL ROMANTICISMO
Son innumerables los caballeros que declaran que la música
de “x” o “y” artista les permitió conquistar a su amada, es decir, lograr su
rendición psicológica. Yendo más lejos,
José Luis Rodríguez “El Puma”, culpó al legendario trío Los Panchos, de la
explosión demográfica que se detonó en su época de mayor apogeo, ya que sus
melodiosas voces y afinadas guitarras, provocaron el enamoramiento de nuestros
padres y abuelos.
Entre la música y las féminas hay un consorcio indisoluble,
ambas generan estados de alucinación, ambas irradian una energía mágica, ambas
nutren el imaginario masculino, entre ellas hay una relación de causa y efecto,
de medio y fin. Y es que por regla general las beldades son la fuerza que
activa la maquinaria creativa, elevando a los compositores al nivel de éxtasis
que la creación demanda, y simultáneamente son las destinatarias de la
invención.
Cierta vez vi en la red a una guapísima chica que posaba en una fiesta, disfrazada de guitarra, acentuando con su traje su ya curvilínea figura y comenté que ello era un verdadero contrasentido, porque el medio y fin se habían concentrado en un solo ser, ya normalmente el instrumento de seis cuerdas es una herramienta de seducción que nos proporciona la llave para acceder al alma femenina.
VEHICULO DE MOTIVACIÓN
No hay espíritu por iracundo que sea, que no se rinda ante
su majestad la música, ésta constituye fuente de motivación, de inspiración, a
veces se convierte en el estandarte fundamental en que nos apoyamos para
levantar el ánimo, con frecuencia es motivo de identidad personal y nacional.
No hay argentino a quien no se le asocie con el tango, o mexicano a quien no se le vincule con la
ranchera, o colombiano a quien no se le relacione con la cumbia o el vallenato,
o dominicano, cuya carta de presentación no sea el merengue o la bachata.
Hay enfoques de la música no son muy alentadores. Una mañana
de domingo el pastor desde el púlpito habló de las fortalezas que nos impiden
crecer y desarrollarnos y acceder a una vida de plenitud y prosperidad, se
refirió a la tendencia a movernos dentro del pecado, y que la música suele ser
un conductor infernal para dominar la mente, al punto que es capaz de
alentarnos a reactivar viejos adulterios y otras relaciones insanas. Hay
canciones que alientan el narcotráfico, la infidelidad, la venganza. No es el
ritmo sino los mensajes. Precisó que hay que cuidar la mente, porque donde va
mi mente, va mi cuerpo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario